Las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) concentran hoy la mayor carga de muerte y discapacidad en Argentina y en el mundo. Hipertensión, diabetes, obesidad, EPOC y asma impactan no solo en la salud de las personas, sino también en la economía de los hogares y en la sostenibilidad del sistema sanitario.
Frente a este escenario, las guías de práctica clínica (GPC) basadas en evidencia son una herramienta clave para mejorar el diagnóstico, el acceso al tratamiento y la continuidad del cuidado. Sin embargo, un estudio reciente muestra que su sola existencia no garantiza cambios reales en la práctica cotidiana.
La investigación, publicada en la Revista Panamericana de Salud Pública, indagó el conocimiento, el uso y las dificultades para implementar las GPC para ENT en el primer nivel de atención de Argentina durante el período 2020–2021. El trabajo combinó una encuesta nacional con entrevistas en profundidad a profesionales y gestores de salud, con el objetivo de identificar barreras y facilitadores para la adopción de prácticas basadas en la evidencia.
Conocidas, pero poco usadas
En la fase cuantitativa, la encuesta alcanzó una tasa de respuesta del 29%. Entre los profesionales con función asistencial, el 81% afirmó conocer las guías, en especial las vinculadas con hipertensión arterial y diabetes. Además, la mayoría valoró positivamente su contenido: el 83% lo consideró claro y el 70% adecuado al contexto de trabajo.
Sin embargo, ese reconocimiento no se traduce de manera consistente en la práctica. Solo las guías de hipertensión y diabetes muestran una frecuencia de uso relativamente alta, mientras que otras -como las de obesidad, tabaquismo, EPOC y asma- se aplican poco o nada en la mayoría de los casos. A esto se suma un dato clave: seis de cada diez profesionales señalaron la escasez de recursos como un obstáculo central para su implementación.
Barreras
Las entrevistas cualitativas permitieron profundizar en los motivos detrás de esta brecha entre la evidencia disponible y la práctica real. Los testimonios coinciden en que las guías no forman parte del uso cotidiano en los servicios de atención primaria. Entre las principales barreras aparecen la cultura organizacional, la falta de liderazgo para impulsar cambios, la resistencia a modificar prácticas instaladas y la heterogeneidad de los equipos de salud.
También se repiten dificultades estructurales: falta de tiempo protegido para la capacitación, alta demanda asistencial, escasez de recursos humanos y materiales, problemas de conectividad y ausencia de sistemas de monitoreo que acompañen la implementación. En muchos casos, la capacitación queda librada a la iniciativa individual, sin una estrategia institucional que la sostenga.
Aun así, el estudio identifica elementos que pueden favorecer la adopción de las guías. La mirada integral de la atención, el trabajo interdisciplinario y las capacitaciones continuas adaptadas al contexto local aparecen como factores clave. Los espacios de formación en servicio, el acompañamiento de equipos directivos y la articulación con programas nacionales también son señalados como facilitadores para transformar la evidencia en práctica efectiva.
El informe concluye que con guías de práctica clínica no alcanza para modificar las prácticas en los equipos de salud. La adopción sigue siendo limitada si no se acompaña de estrategias locales, incentivos, liderazgo y recursos específicos en la atención primaria. En síntesis, los autores apuntan que un contexto de creciente carga de enfermedades crónicas y de presión sobre el sistema sanitario, cerrar esta brecha es una condición necesaria para mejorar resultados en salud y avanzar hacia un sistema más equitativo y sostenible.