lunes 26 de enero de 2026 - Edición Nº2609

INVESTIGACIÓN + TRATAMIENTO | 26 ene 2026

Agonistas vs. cirugía bariátrica

“La obesidad es una enfermedad crónica que no se cura, se trata”

08:49 |Lo afirma el cirujano bariátrico Edgardo Serra, de la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad. El auge de los nuevos fármacos para bajar de peso y la vigencia de la cirugía bariátrica reabren una pregunta clave en el tratamiento de la obesidad: ¿competencia o complementariedad?


La medicina atraviesa un momento histórico en el abordaje de la obesidad. La irrupción de los agonistas del receptor GLP-1 como la semaglutida y la tirzepatida, modificó el escenario terapéutico y volvió inevitable una pregunta: ¿la cirugía bariátrica está quedando obsoleta?

Un metaanálisis publicado en diciembre en la revista Obesity, liderado por el Área de Obesidad de la Clínica Universidad de Navarra junto al Imperial College de Londres, aporta datos para reencuadrar el debate. Tras analizar información de más de 20.000 pacientes, los investigadores concluyen que la cirugía bariátrica continúa siendo la estrategia más eficaz para lograr una pérdida de peso profunda y sostenida en el tiempo.

El estudio evaluó bypass gástrico y gastrectomía tubular frente a tratamientos farmacológicos y cambios en el estilo de vida, midiendo porcentaje de pérdida de peso total, Índice de Masa Corporal (IMC) y composición corporal durante al menos dos años. En todos los parámetros, la cirugía mostró mejores resultados.

Resultados reales, no ideales

Uno de los puntos clave que plantea la investigación es la distancia entre los ensayos clínicos y la práctica cotidiana. El doctor Lucas Sabatella, primer autor del trabajo, explica que “la diferencia a favor de la cirugía se observa de manera consistente en los tres indicadores estudiados”.

El problema, señala, es la adherencia: “Más de la mitad de los pacientes suspenden el tratamiento farmacológico en los primeros meses, lo que limita su efectividad”.

En la misma línea, el doctor Víctor Valentí, codirector del Área de Obesidad de la Clínica Universidad de Navarra, pone el foco en la seguridad y eficacia del procedimiento quirúrgico: “La cirugía bariátrica tiene una tasa de complicaciones muy baja y es la mejor opción en pacientes adecuadamente seleccionados. Mientras que los fármacos tienen una tasa alta de abandono que se traduce en una recuperación del peso perdido”.

El factor biológico detrás del éxito quirúrgico

Para los especialistas argentinos, el debate no debería centrarse únicamente en cuánto peso se pierde, sino en cómo se sostiene ese descenso. El doctor Edgardo Serra, médico cirujano bariátrico y miembro de la Sociedad Argentina de Cirugía de la Obesidad (SACO), remarca que la diferencia es fisiopatológica.

“La cirugía modifica la anatomía gastrointestinal, y ese cambio genera una reprogramación hormonal sostenida -saciedad, apetito, eje intestino-cerebro- que se mantiene en el tiempo”, explica.

En contraste, advierte que los agonistas del GLP-1 dependen de su uso continuo: “Cuando se suspenden, el peso perdido tiende a recuperarse progresivamente”. Según datos publicados en JAMA Surgery, la cirugía logra una pérdida promedio del 28,3% del peso corporal, frente a un 10,3% con agonistas del GLP-1 en condiciones reales.

Costos, sistema de salud y enfermedades asociadas

El impacto económico también forma parte del análisis. Serra destaca que “en solo dos años, la cirugía genera un ahorro promedio de USD 11.689 por paciente en comparación con el tratamiento farmacológico continuo”, y que el punto de equilibrio económico se alcanza alrededor de los 15 meses.

Además, la cirugía muestra mejores resultados en la remisión de enfermedades asociadas como diabetes tipo 2, hipertensión y apnea del sueño. “El cambio anatómico genera una mejoría metabólica intensa, muchas veces incluso antes de que ocurra el descenso significativo de peso”, subraya el cirujano.

¿Cirugía o fármacos? Una falsa dicotomía

Pese a la evidencia a favor de la cirugía, los especialistas coinciden en que el escenario actual no es de competencia, sino de complementariedad. La doctora Sandra Andino, médica obesóloga y miembro de la SACO, propone un enfoque integrador.

“Los agonistas del GLP-1 pueden ser coadyuvantes para la cirugía bariátrica: sirven para preparar al paciente, disminuir el hígado graso y reducir riesgos operatorios”, explica. También cumplen un rol en el postoperatorio ante la reganancia de peso.

Andino recuerda los criterios de indicación quirúrgica:
– IMC mayor o igual a 35 con comorbilidades.
– IMC mayor o igual a 40 sin comorbilidades.
– IMC mayor o igual a 30 con mal control metabólico de la diabetes.

Respecto a los efectos adversos, la especialista advierte sobre un punto sensible: “Tanto la cirugía como los fármacos pueden producir sarcopenia si no hay soporte nutricional y ejercicio de fuerza. Ninguna herramienta sustituye el cambio de hábitos”.

Más consultas

El auge de los nuevos medicamentos también tuvo un efecto positivo: más personas consultan. Para Serra, esto permite detectar a quienes realmente necesitan cirugía. “El desafío hoy es utilizar las herramientas adecuadamente”, afirma, y remarca: “La obesidad es una enfermedad crónica que no se cura, se trata”.

En ese sentido, tanto Serra como Andino coinciden en que el abordaje debe estar a cargo de equipos interdisciplinarios, integrando nutrición, psicología, actividad física y medicina clínica. “El rol de las sociedades científicas como la SACO es central: informar con evidencia, romper mitos y promover decisiones basadas en ciencia, no en modas”, concluye Serra.

El doctor Manuel Landecho, especialista en Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra y coautor del estudio publicado en Obesity, refuerza la idea de personalización terapéutica y concluye: “Para personas con mayor acumulación de tejido adiposo o a las que la obesidad limita más su vida diaria, la cirugía es un tratamiento claramente superior. Los especialistas podemos y debemos personalizar al máximo el tratamiento”.

 

 

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