miércoles 18 de febrero de 2026 - Edición Nº2632

SALUD PÚBLICA | 18 feb 2026

Farmacoterapia pediátrica en debate

Solo el 14% del uso off-label en niños tiene evidencia sólida

14:47 |Una revisión internacional advierte que la mayoría de los medicamentos prescritos fuera de etiqueta en pediatría carece de respaldo científico robusto y se asocia a mayor riesgo de reacciones adversas y errores de dosificación.


El trabajo, publicado el 15 de febrero de 2026 en Br J Clin Pharmacol, advierte que millones de niños reciben fármacos sin respaldo científico sólido y propone un cambio de paradigma: pasar del “uso off-label” al “uso con evidencia”.

A pesar de los avances regulatorios de las últimas dos décadas, el uso de medicamentos fuera de indicación en pediatría sigue siendo una práctica extendida y, en muchos casos, inevitable. La prevalencia varía de manera llamativa -entre el 3% y el 97% de las prescripciones según el entorno clínico- y refleja que los niños continúan siendo, en términos farmacológicos, “huérfanos terapéuticos”.

El uso fuera de etiqueta (off-label) se define como la prescripción de un medicamento en condiciones distintas a las aprobadas en la Ficha Técnica o el Resumen de las Características del Producto (RCP): otra edad, dosis, indicación, vía de administración o formulación. En pediatría, esta práctica suele er la única alternativa ante la falta de autorizaciones específicas, sobre todo en medicamentos antiguos y sin patente.

Una brecha de evidencia persistente

El problema no radica únicamente en la ausencia de autorización formal, sino en la escasez de datos robustos. Según la revisión, apenas el 14% de los registros de medicamentos pediátricos fuera de etiqueta cuentan con evidencia sólida. Además, el 37% de las recomendaciones de dosificación se basa exclusivamente en consenso de expertos.

Los estudios citados indican que un medicamento prescripto fuera de etiqueta en niños tiene 2,25 veces más probabilidades de estar implicado en una reacción adversa que uno autorizado). El riesgo aumenta aún más cuando se utilizan varios fármacos off-label de manera simultánea.

A esto se suman errores de dosificación derivados de la falta de información adecuada sobre farmacocinética y farmacodinamia en distintas etapas del desarrollo. Neonatos, lactantes y adolescentes no metabolizan los medicamentos como los adultos; extrapolar sin evidencia puede traducirse en ineficacia o toxicidad.

Legislación: avances y límites

La regulación surgió históricamente tras tragedias que afectaron a la población pediátrica. En Estados Unidos, la muerte de 107 personas -muchos de ellos niños- por una formulación de sulfanilamida con dietilenglicol en 1937 impulsó las primeras exigencias de pruebas de seguridad. Décadas después, el caso de la talidomida reforzó la necesidad de demostrar eficacia antes de autorizar un fármaco.

Las leyes pediátricas implementadas en EE. UU. (1994) y Europa (2007) incrementaron los ensayos en niños y la inclusión de información pediátrica en etiquetas. Sin embargo, el impacto es hasta ahora desigual. Solo el 40% de los nuevos fármacos con potencial uso en población pediátrica incluye información específica para niños, y los medicamentos antiguos, sin incentivos comerciales, continúan mayormente sin estudios adecuados.

En Europa, la Autorización de Comercialización para Uso Pediátrico (PUMA) tiene un alcance limitado, especialmente para fármacos fuera de patente. La modernización normativa intenta abrir la puerta a entidades sin fines de lucro, pero aún existen incertidumbres sobre su aplicabilidad real.

Más allá del “todo o nada”

Un punto central de la revisión es la tensión entre dos riesgos: administrar un fármaco con evidencia limitada o negar tratamiento por falta de estudios concluyentes. En muchos casos, no tratar puede ser más perjudicial que utilizar un medicamento con respaldo imperfecto.

Los autores advierten que descartar sistemáticamente todo uso con bajo nivel de evidencia dejaría sin opciones terapéuticas a gran parte de la población pediátrica. La clave, sostienen, es evaluar cuidadosamente el balance beneficio-riesgo, incorporando no solo ensayos clínicos, sino también estudios farmacocinéticos, modelado y simulación, datos del mundo real y experiencia clínica acumulada.

Un marco práctico en cinco pasos

Para ordenar la práctica clínica, la revisión propone un marco estructurado:

  1. Verificar el estado de autorización (conciencia de si el uso es on-label u off-label).
  2. Confirmar la existencia de una necesidad médica no satisfecha.
  3. Evaluar el equilibrio beneficio-riesgo con herramientas estructuradas.
  4. Garantizar un consentimiento informado proporcional.
  5. Cerrar la brecha de conocimiento mediante investigación priorizada.

Este enfoque busca desplazar la discusión del eje legal hacia uno científico y ético, centrado en el paciente.

Innovación metodológica y cooperación global

Con más de 2.700 combinaciones fármaco-indicación-grupo etario insuficientemente estudiadas, replicar el modelo clásico de desarrollo clínico para cada una resulta inviable. Por ello, la revisión propone estrategias innovadoras: extrapolación de datos adultos cuando sea pertinente, modelado y simulación pediátrica, uso de evidencia del mundo real y diseños adaptativos de ensayos.

Sin embargo, generar evidencia no es suficiente si no se difunde de forma accesible. Actualmente, múltiples formularios pediátricos internacionales ofrecen recomendaciones que, en ocasiones, difieren entre sí. Esta variabilidad complica la práctica clínica y puede amplificar desigualdades entre países.

Los autores abogan por plataformas armonizadas de información sobre medicamentos pediátricos a nivel europeo o global, siguiendo modelos de evaluación compartida como los de la EMA. El objetivo es evitar duplicación de esfuerzos, optimizar recursos y garantizar que todos los niños, independientemente de su lugar de residencia, accedan a la mejor evidencia disponible.

Un cambio de paradigma necesario

Los autores del estudio apuntan que aplicar estándares de evidencia inferiores a los niños es éticamente inaceptable. Pero mientras la evidencia se construye, la práctica clínica no puede detenerse.

El desafío entonces no es eliminar el uso off-label sino transformarlo en un uso fundamentado, transparente y progresivamente respaldado por datos sólidos. Pasar de la etiqueta a la evidencia como una cuestión de equidad y seguridad en salud infantil.

El informe completo en este link: https://bpspubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/bcp.70461 

 

 

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
Más Noticias