miércoles 04 de marzo de 2026 - Edición Nº2646

PUNTO DE VISTA | 4 mar 2026

Mujeres en salud

“El sistema de salud está atravesado por la desigualdad y hoy golpea más fuerte a las mujeres”

10:18 |Mónica Fein reflexiona sobre las principales deudas del sistema de salud con las mujeres y la profundización de las desigualdades. Además, convoca a recuperar una agenda pública con perspectiva de género que garantice igualdad, cuidado y derechos en todo el país.


Por Mónica Fein (*) 

Como ex legisladora nacional, como presidenta del Partido Socialista y, ante todo, como militante de los derechos de la salud de las mujeres, quiero compartir mi mirada sobre una de las principales deudas que hoy tiene nuestro país: la salud pública con perspectiva de género.

El sistema de salud está profundamente atravesado por la desigualdad que existe en nuestra sociedad. Y esa desigualdad impacta directamente en las mujeres: en el acceso al sistema, en la calidad de la atención y, especialmente, en las mujeres más pobres.

Las deudas empiezan desde el inicio mismo del proceso de salud: el acceso a la información para prevenir, para decidir sobre nuestra sexualidad, para ser acompañadas desde edades tempranas en esas decisiones. También en la capacidad del sistema para detectar y abordar situaciones de violencia, que muchas veces se evidencian primero en los centros de salud, pero donde los equipos trabajan en soledad, sin una mirada integral que articule respuestas.

Las mujeres, además, cargamos con los roles de cuidado. Somos quienes detectamos precozmente enfermedades, quienes llevamos a nuestros hijos e hijas a los controles, quienes sostenemos la prevención. Sin embargo, acceder al sistema no es igual para todas. Para muchas mujeres -sobre todo las más pobres- es más difícil salir del trabajo, encontrar con quién dejar a sus hijos, disponer del tiempo necesario para atender su propia salud. Esa desigualdad cotidiana también es una barrera estructural.

En los últimos años, esta situación se ha profundizado, particularmente en todo lo vinculado a la salud sexual y reproductiva. Impulsamos que el Plan ENIA -el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia- se consolidara por ley, pero no solo no lo logramos, sino que además el Estado nacional se retiró de ese proceso por decisión política. Ese retiro dejó en manos de las provincias, con toda la heterogeneidad que ello implica, la prevención, la atención y el tratamiento. Y cuando no hay un piso común garantizado desde la Nación, las desigualdades se amplifican.

Hoy tenemos una salud fragmentada, con profundas brechas territoriales. No es lo mismo ser una mujer, incluso pobre, en la Ciudad de Buenos Aires que en una provincia que no ha podido -o no ha querido- reemplazar lo que el Estado nacional dejó de garantizar. Desde la provisión de medicamentos e insumos hasta el rol normativo que debe asegurar condiciones mínimas de igualdad, el retiro del Ministerio de Salud nacional ha golpeado a toda la sociedad, pero en mayor medida a las mujeres.

Las organizaciones de mujeres han sido históricamente el motor de los avances. Desde el Congreso acompañamos y transformamos en ley muchos de esos reclamos que nacieron en la sociedad. Pero hoy vivimos un retroceso evidente. 

En este 8 de marzo siento que, para el gobierno nacional, las mujeres hemos vuelto al anonimato. Y no se trata solo de que no nos nombren: no nos nombran porque no nos tienen en cuenta. Eso también es una forma de violencia.

Cuando no somos consideradas en las políticas públicas de cuidado, prevención y atención, las consecuencias son concretas. Han aumentado indicadores alarmantes como la mortalidad materna y la mortalidad infantil, que están directamente vinculados con las condiciones de vida de las mujeres, y especialmente de las más vulnerables.

Desde mi rol en la Cámara de Diputados de Santa Fe, asesorando en estos temas, y como presidenta del Partido Socialista, estoy impulsando políticas públicas que vuelvan a poner el eje en la igualdad en el acceso a la salud. También trabajamos hacia adentro de nuestra fuerza política, porque es difícil exigir igualdad hacia afuera si no la practicamos dentro de nuestras propias organizaciones.

Este año nuestro partido cumple 130 años, y soy la primera mujer en presidirlo. Más allá de las mujeres valiosas que han construido nuestra historia, este hecho también es un mensaje: las mujeres debemos estar en los espacios donde se definen las políticas públicas, donde se decide sobre salud, cuidados y violencia.

Frente a los debates que se anuncian, como eventuales reformas penales que podrían relativizar la violencia de género o cuestionar la figura del femicidio, debemos dar una discusión profunda sobre la vida, el cuidado y nuestras decisiones. No podemos permitir que nos vuelvan invisibles ni que se desconozca que la violencia tiene raíces estructurales vinculadas a la desigualdad.

No queremos quedar solas, relegadas únicamente al cuidado de nuestros hijos e hijas, sin acceso igualitario a la salud ni a las políticas de salud sexual y reproductiva. No podemos naturalizar la eliminación de programas de prevención, el debilitamiento de la atención oncológica o la falta de políticas integrales.

En este 8M, mi convocatoria es a participar activamente. Defender cada derecho conquistado y seguir luchando por lo que falta. La salud pública con perspectiva de género no es un privilegio: es una condición básica para una sociedad más justa e igualitaria.

(*) Presidenta del Partido Socialista. Primera intendenta mujer de Rosario. Bioquímica. Feminista.

 

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