Aunque las mujeres viven, en promedio, más años que los hombres, esa mayor esperanza de vida no necesariamente se traduce en más años saludables. A nivel global, pueden tardar hasta cuatro años más en recibir un diagnóstico correcto para diversas condiciones médicas, una brecha que refleja desigualdades persistentes en la investigación, la práctica clínica y el acceso a la atención sanitaria.
Según el informe “Closing the Women’s Health Gap” del World Economic Forum, las mujeres viven más tiempo, pero pasan un 25% más de su vida con mala salud o discapacidad, lo que equivale a alrededor de nueve años con enfermedades o limitaciones funcionales. El documento advierte que esta desigualdad representa 75 millones de años de vida perdidos cada año a nivel global por enfermedad o muerte prematura.
La brecha no solo impacta en la calidad de vida individual, sino también en términos sociales y económicos. El mismo informe estima que cerrar esta desigualdad podría sumar al menos 1 billón de dólares al PIB mundial anual hacia 2040 y permitir que 3.900 millones de mujeres vivan vidas más saludables.
Cuando los síntomas se minimizan
Uno de los factores que explican esta brecha es la forma en que históricamente se construyó el conocimiento médico. Durante décadas, gran parte de la investigación biomédica se desarrolló tomando el cuerpo masculino como modelo estándar, lo que dejó vacíos importantes en la comprensión de cómo se manifiestan muchas enfermedades en mujeres.
Según el informe del Foro Económico Mundial, solo el 50% de los estudios sobre tratamientos reporta resultados diferenciados por sexo. Esta falta de evidencia específica tiene consecuencias directas en la práctica clínica: el 64% de las intervenciones médicas analizadas muestra desventajas para las mujeres, ya sea por menor eficacia o por diferencias en el acceso.
Además, los datos indican que las mujeres reportan un 52% más de eventos adversos asociados a medicamentos que los hombres, y que los fármacos retirados del mercado por problemas de seguridad fueron 3,5 veces más propensos a generar efectos negativos en mujeres.
La consecuencia más visible de estas brechas es el retraso diagnóstico. Un estudio realizado en Dinamarca, citado por el informe, mostró que las mujeres reciben diagnósticos más tarde que los hombres en más de 700 enfermedades. En promedio, el retraso puede alcanzar 2,5 años en cáncer y hasta 4,5 años en diabetes.
Para la médica Paola Sevilla, gerenta médica del área de salud de la mujer para Latinoamérica de la compañía de salud Organon, esta situación refleja un sesgo persistente en la forma en que se interpretan los síntomas: “Existe un sesgo de género derivado de la falta de investigación basada en la fisiología femenina que recae en diagnósticos erróneos y en la falta de tratamientos especializados”, explicó. Según la especialista, con frecuencia los síntomas de las mujeres “son minimizados o asociados únicamente a cuestiones reproductivas, hormonales o psicológicas”.
Enfermedades invisibilizadas
Otro problema es que la salud femenina suele asociarse casi exclusivamente con la esfera reproductiva. Sin embargo, el informe del Foro Económico Mundial advierte que las condiciones reproductivas y maternas representan apenas el 5% de la carga total de enfermedad en mujeres.
La mayoría de los problemas de salud que las afectan están vinculados a otras condiciones, como enfermedades cardiovasculares, trastornos musculoesqueléticos, problemas de salud mental o enfermedades autoinmunes.
Estas últimas son particularmente relevantes: el 80% de las personas que padecen enfermedades autoinmunes son mujeres, aunque muchas de ellas permanecen subdiagnosticadas porque sus síntomas pueden confundirse con otros trastornos.
Un ejemplo de esta invisibilización es la endometriosis. La Organización Mundial de la Salud estima que afecta al 10% de las mujeres en edad reproductiva, pero algunos registros epidemiológicos reportan prevalencias de apenas 1% o 2%, lo que evidencia un importante subregistro asociado a la falta de diagnóstico oportuno.
Impacto en decisiones de vida
Las consecuencias de esta brecha no se limitan a la salud física. Los retrasos en el diagnóstico también pueden influir en decisiones clave del proyecto de vida.
De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), una de cada cuatro personas vincula las dificultades para tener hijos con problemas de salud general, infertilidad o barreras para acceder a tratamientos. En muchos casos, estas situaciones están relacionadas con diagnósticos tardíos o falta de información oportuna.
A su vez, cuando existe otra enfermedad que requiere atención prioritaria, la planificación familiar suele pasar a segundo plano. En América Latina, esta realidad se refleja en otra cifra preocupante: se registran 69 embarazos no planificados por cada 1.000 mujeres.
Un desafío para los sistemas de salud
El informe del Foro Económico Mundial concluye que la brecha en la salud de las mujeres no responde únicamente a diferencias biológicas. También está vinculada a sesgos históricos en la investigación, falta de datos diferenciados por sexo, menor inversión y retrasos en el diagnóstico y tratamiento.
Actualmente, solo el 4% de la inversión global en investigación y desarrollo en salud se destina específicamente a problemas que afectan a las mujeres, una cifra que especialistas consideran insuficiente frente al impacto sanitario y social de estas desigualdades.
En el contexto del Día Internacional de la Mujer, distintos actores del sistema sanitario impulsan campañas de concientización para visibilizar esta problemática y promover un enfoque más equitativo en la investigación, el diagnóstico y el acceso a tratamientos.
Pero la evidencia científica es contundente: cerrar la brecha en salud de las mujeres no solo mejoraría la calidad de vida de millones de personas, sino que también fortalecería los sistemas de salud y el desarrollo económico global. Para lograrlo, aún queda un largo camino por recorrer.