Cada día, entre 17 y 20 personas mueren en Argentina por cáncer de colon. La cifra equivale, en términos gráficos, a “un colectivo lleno de personas por día”. Sin embargo, se trata de una enfermedad que, en gran parte de los casos, podría prevenirse o detectarse a tiempo mediante estudios simples de pesquisa.
El cáncer colorrectal es hoy la principal causa de muerte por cáncer digestivo y la segunda causa de muerte oncológica en el país, una situación que se repite en gran parte del mundo. Por eso es tan importante sostener campañas de concientización, clave para visibilizar el problema.
El Dr. Luis Caro es gastroenterólogo, endoscopista y presidente de la Fundación GEDYT, organismo que trabaja para que más personas accedan a prevención, diagnóstico temprano y atención de calidad en salud digestiva.
En diálogo con Comunicar Salud explica que se trata de “una patología oncológica del aparato digestivo que es la primera causa de muerte por cáncer digestivo y la segunda causa de muerte por cáncer en la Argentina. Algo similar ocurre en buena parte del mundo, e incluso en Uruguay, donde la incidencia es comparable”.
Las cifras reflejan la dimensión del desafío sanitario y así lo ilustra Caro: “En nuestro país mueren entre 17 y 20 personas por día por cáncer de colon, es decir, casi un colectivo lleno de personas por día. Al año hablamos de entre 6.000 y 7.000 fallecimientos. Y esto es solo mortalidad: los diagnósticos prácticamente duplican ese número”.
Puede prevenirse
A pesar de su impacto, el cáncer de colon tiene una característica que lo diferencia de otros tumores: en muchos casos se puede prevenir antes de que aparezca. “En medicina preventiva está la clave”, dice Caro al tiempo que explica que “el cáncer de colon, en la mayoría de los casos, se origina en un pólipo, que es una lesión que crece sobre la mucosa del colon, algo así como una verruga que aparece en la superficie interna del intestino”.
Ese proceso, además, suele ser lento y tardar entre siete y diez años en transformarse en cáncer. “Ese tiempo nos da una oportunidad enorme para detectarlo y tratarlo antes de que evolucione”, sintetiza el especialista y subraya entonces la importancia de sostener campañas de concientización.
“Insistimos tanto en las campañas y en la difusión en primer lugar, porque es una enfermedad muy frecuente y con alta mortalidad. Pero además porque, a diferencia de otros cánceres que muchas veces se detectan en etapas avanzadas, en este caso tenemos muchas posibilidades de encontrarlo a tiempo”, agrega.
Para el presidente de la Fundación Gedyt, los resultados pueden ser decisivos: “Si detectamos el pólipo y lo removemos, evitamos que se transforme en cáncer. Y aun cuando ya haya cáncer, si se diagnostica en etapas iniciales, la probabilidad de curación supera el 95%. Ese es un dato muy importante incluso desde la economía de la salud: invertir en prevención es mucho más eficiente que tratar la enfermedad avanzada”.
La detección temprana como estrategia
La lógica es similar a la aplicada en otras estrategias de prevención ampliamente puestas en práctica, comparable con lo que ocurre con el screening del cáncer de cuello uterino. Cuando una enfermedad se detecta en etapas iniciales, la probabilidad de curación es muy alta. “Y en medicina la curación no es algo tan frecuente. Muchas veces podemos tratar, controlar o acompañar, pero no siempre curar”, señala Caro.
El desafío, explica, también pasa por integrar esta mirada dentro del propio sistema sanitario. “Por eso insistimos tanto en difundir este tema. Y no solo hacia la población general sino también dentro de los propios equipos de salud. A veces colegas de otras especialidades que no están en el día a día de esta patología olvidan preguntar si el paciente ya se hizo los estudios de detección”, subraya el especialista, quien apunta que existen dos herramientas centrales para la pesquisa: “la colonoscopía y el test de sangre oculta en materia fecal”.
La colonoscopía es el estudio más completo, pero no siempre es accesible para toda la población. “Si pudiéramos hacer colonoscopías a toda la población mayor de 45 años que no tiene antecedentes familiares o genéticos, sería ideal. Pero sabemos que eso no es posible por diferentes barreras: no toda la población tiene acceso al sistema de salud, y aún quienes lo tienen muchas veces encuentran dificultades para conseguir turnos”, agrega.
Q-FIT: un test simple que puede salvar vidas
Ante estas limitaciones, cobra relevancia el test de sangre oculta en materia fecal, una herramienta de detección temprana incluida en el Programa Médico Obligatorio (PMO) en Argentina. La versión cualitativa arroja un resultado que indica si hay o no sangre oculta.
Pero hoy existe además una herramienta aún más útil para la pesquisa, que es el test de sangre oculta en materia fecal conocido como Q-FIT, una versión más precisa y específica porque es cuantitativa. “Esto significa que no solo detecta si hay sangre, sino también cuánto hay. Y eso es muy importante, porque no es lo mismo encontrar una cantidad mínima que una cantidad mayor”, explica Caro.
Se trata de un estudio sencillo, no invasivo y que puede realizarse en el domicilio.
“Siempre estamos hablando de sangre oculta, es decir, sangre que no se ve a simple vista. Pero el hecho de poder medirla nos permite tomar decisiones. Si el nivel detectado es alto, ese paciente debe ser contactado rápidamente para realizar una colonoscopía y ver de qué se trata. Esa es justamente la lógica de la pesquisa: identificar a tiempo a las personas que necesitan un estudio más profundo”, añade.
Prevención y economía de la salud
Además de los beneficios clínicos, la prevención tiene un gran impacto en los costos sanitarios y así lo detalla el médico gastroenterólogo: “La prevención es sencilla y relativamente económica, pero lo que necesitamos es incorporarla de manera sistemática dentro de las políticas preventivas, igual que ocurre con la mamografía o el Papanicolaou”.
El contraste con el tratamiento de la enfermedad avanzada es marcado. Caro cuenta que “hace años hicimos un cálculo aproximado en dólares: el tratamiento inicial de un cáncer de colon diagnosticado en etapa avanzada -con cirugía, quimioterapia, internación, terapia intensiva y todo el equipo de salud involucrado- podía costar alrededor de 160.000 dólares en los primeros meses. Y ese gasto no termina ahí porque lo miramos desde la economía de la salud, la prevención cuesta centavos en comparación. Pero además está el impacto humano: lo que significa para el paciente, para su familia, para su vida laboral y emocional”.
Para Caro, avanzar en prevención requiere estrategias sanitarias con alcance territorial, porque “no es lo mismo hablar desde la Ciudad de Buenos Aires que desde otras regiones donde el acceso al sistema de salud es más limitado”.
Aumento en jóvenes
En los últimos años se comenzó a observar un aumento de casos de cáncer de colon en personas jóvenes y Caro advierte que “desde 2018, varias sociedades científicas internacionales de oncología, gastroenterología y endoscopía, recomiendan comenzar la pesquisa a los 45 años”.
“Las proyecciones indican que para 2030 podría aumentar hasta un 90% la incidencia en personas de entre 25 y 45 años. Hoy ya vemos que entre el 13 y el 15% de los casos aparecen en pacientes jóvenes” agrega y señala que entre los factores posibles se investigan cambios en el estilo de vida.
“Se están estudiando múltiples factores: cambios en la microbiota intestinal, el uso de antibióticos, el consumo de alimentos ultraprocesados o ‘fast food’, e incluso determinadas formas de cocción de la carne roja. Todo eso está en investigación”, subraya e insiste en que, frente a este escenario, la concientización es una herramienta clave.
“Desde la Fundación GEDYT trabajamos mucho en este sentido. Marzo es el mes internacional de concientización sobre el cáncer de colon y es cuando concentramos gran parte de nuestras acciones” dice y concluye: “Me gusta hablar de concientización, que apunta a que la sociedad conozca el problema y sepa que existe la posibilidad real de prevenirlo”.