jueves 26 de marzo de 2026 - Edición Nº2668

SALUD PÚBLICA | 26 mar 2026

Medicamentos esenciales o innovación: la encrucijada que redefine la salud pública

13:43 |Mientras el gasto en medicamentos crece y supera el 25% del presupuesto sanitario global, los países se enfrentan a la decisión de garantizar acceso universal o financiar innovación. Por qué la respuesta no está en elegir, sino en combinar estrategias.


En los sistemas de salud contemporáneos hay una tensión que no siempre se ve, pero que atraviesa cada decisión: qué medicamentos deben ser financiados, para quiénes y a qué costo, un problema estructural que define quién accede a la salud y quién queda afuera.

Un estudio reciente publicado en Pharmacy Practice (*) pone en el centro del debate dos herramientas clave que los países utilizan para tomar estas decisiones: la Lista de Medicamentos Esenciales (LME), impulsada por la Organización Mundial de la Salud, y la Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS). Pero lejos de ser alternativas excluyentes, ambas revelan la tensión entre equidad e innovación.

Como punto de partida, los medicamentos representan el 25% del gasto global en salud, y en los países de ingresos bajos y medios ese gasto recae mayormente en los hogares. En América Latina, por ejemplo, el gasto de bolsillo supera el 30%. En ese contexto, decidir qué medicamentos cubrir es una cuestión clínica pero también económica, política y ética.

Durante décadas, la LME funcionó como una guía para garantizar el acceso a tratamientos básicos bajo la lógica de priorizar medicamentos eficaces, seguros y costo-efectivos para las enfermedades más frecuentes. Más de 137 países adoptaron este modelo, con el objetivo de asegurar un piso mínimo de acceso a la salud.

Sin embargo, el escenario cambió. El avance científico trajo consigo una nueva generación de medicamentos, muchos de ellos de altísimo costo, dirigidos a enfermedades poco frecuentes o a nichos específicos de pacientes. En ese terreno emerge la Evaluación de Tecnologías Sanitarias, una herramienta que analiza no solo la eficacia y seguridad de un medicamento, sino también su impacto económico, social y presupuestario.

Mientras la LME busca responder a necesidades colectivas, la ETS se enfoca en tecnologías innovadoras, muchas veces diseñadas para grupos reducidos, una realidad que plantea a priori una pregunta incómoda: ¿es justo destinar grandes recursos a tratamientos para pocos pacientes cuando aún hay dificultades para garantizar medicamentos básicos para la mayoría?

La investigación muestra que esta dicotomía está empezando a diluirse. En los últimos años, los países de ingresos bajos y medios comenzaron a incorporar evaluaciones de tecnologías, mientras que los países desarrollados recurrieron a listas de medicamentos esenciales, especialmente en contextos de crisis como la pandemia. Incluso dentro de la propia LME se observa un cambio: los medicamentos de alto costo ya no quedan automáticamente excluidos.

Un dato lo ilustra con mayor claridad: los medicamentos para enfermedades raras -los llamados “huérfanos”- pasaron de representar el 1,9% de la lista en 1977 a casi el 15% en 2021. Es decir, lo “esencial” dejó de ser sinónimo de barato o masivo, y empezó a incluir también lo clínicamente relevante, aunque sea para pocos.

Este giro complejiza aún más la toma de decisiones. Porque si bien la ETS permite evaluar con mayor precisión el valor de las innovaciones, también puede desviar recursos hacia tratamientos de altísimo costo con beneficios inciertos o limitados. Por otro lado, una dependencia exclusiva de la LME podría dejar a los sistemas de salud rezagados frente a avances terapéuticos importantes.

En América Latina, esta tensión se vuelve especialmente crítica con sistemas fragmentados y altos niveles de gasto directo de la población, donde cada decisión sobre cobertura tiene un impacto inmediato en la equidad. Países como Brasil avanzaron en sistemas de evaluación más robustos y vinculantes, mientras que otros, como Argentina, recién comienzan a institucionalizar estos procesos. Un ejemplo es la creación de la CONETEC en 2023, aunque todavía con alcance limitado.

El estudio concluye que no se trata de elegir entre una estrategia u otra. La LME y la ETS cumplen funciones distintas pero complementarias. La primera garantiza acceso, equidad y racionalidad en el uso de recursos. La segunda permite incorporar innovación de manera evaluada y sostenible.

El verdadero desafío, entonces, es lograr cómo articular ambas herramientas en sistemas de salud con recursos finitos y demandas crecientes. En ese equilibrio se define, en última instancia, el modelo de salud que cada sociedad está dispuesta a sostener.

(*) Mordujovich-Buschiazzo P, Dorati C, Urtasun M, Marín GH, Cañás M.
Lista de Medicamentos Esenciales y Evaluación de Tecnologías Sanitarias. Dos estrategias complementarias para priorizar los medicamentos en los sistemas de salud.
Pharmacy Practice (Granada) [Internet]. 2026;24(1):1-5.

 

Más Noticias