viernes 17 de abril de 2026 - Edición Nº2690

INVESTIGACIÓN + TRATAMIENTO | 17 abr 2026

Seguridad del paciente

Por qué la calidad también se define en la fase preanalítica

13:21 |La extracción de sangre es una de las intervenciones más frecuentes en la práctica sanitaria. Sin embargo, en la fase previa al análisis se concentra hasta el 70% de los errores, con impacto directo en los resultados y en la seguridad del paciente.


En la escena cotidiana de cualquier sistema de salud, la extracción de sangre aparece como un procedimiento menor: rápido, frecuente, casi automático. Sin embargo, en ese primer paso previo a cualquier análisis se concentra uno de los principales desafíos en materia de seguridad del paciente.

La llamada fase preanalítica, que incluye desde la identificación del paciente hasta la toma, conservación y traslado de la muestra, explica entre el 60% y el 70% de los errores en medicina de laboratorio. El dato adquiere otra dimensión si se lo vincula con un hecho clave: alrededor del 70% de las decisiones médicas se apoyan en resultados de laboratorio.

Este cruce entre volumen, dependencia clínica y margen de error es un tema de bioseguridad y también un problema de salud pública.

“Hoy el laboratorio es la columna vertebral del sistema de salud. Vivimos en una medicina basada en evidencia, donde los médicos ya no toman decisiones sin antes contar con un resultado y contrastarlo con la clínica del paciente”, explica José Antonio Duarte, Medical Affairs para Latinoamérica de BD (Becton Dickinson), compañía global de tecnología médica.

Riesgos persistentes

La toma de muestras de sangre se ubica entre las prácticas invasivas más frecuentes a nivel global y su masividad atraviesa todos los niveles de atención: desde grandes hospitales hasta operativos territoriales, pasando por la internación y la atención domiciliaria.

En ese contexto, los riesgos no son marginales. Se estima que cada año se producen alrededor de 2 millones de venopunciones accidentales con agujas contaminadas, mientras que entre 8 y 10 millones de trabajadores de la salud sufren este tipo de incidentes a nivel global. La Organización Mundial de la Salud, además, advierte sobre el subregistro de estos eventos, lo que dificulta dimensionar su verdadero impacto.

“La extracción de sangre es el procedimiento invasivo más realizado en el mundo, incluso por encima de la colocación de catéteres. Y aunque parece simple, es un proceso que tiene riesgos si no se realiza correctamente”, señala Duarte.

“En América Latina la tasa de accidentes cortopunzantes es más elevada, al igual que en Asia y África, en parte porque no siempre se utilizan dispositivos de bioseguridad como deberían”, agrega Duarte.

A la disponibilidad de tecnología se suman otros factores: alta demanda, fragmentación del sistema, condiciones laborales exigentes y heterogeneidad en la implementación de protocolos.

Calidad de la muestra

Los desvíos en la fase preanalítica suelen ser silenciosos pero con efectos relevantes.Una muestra mal tomada o manipulada puede derivar en resultados no confiables, con impacto directo en la toma de decisiones clínicas.

“Si la muestra no se recolecta en el tubo adecuado o no se manipula correctamente, puede producir hemólisis. Eso afecta directamente el resultado y puede volverlo no confiable, incluso cuando se analiza con equipamiento de alta tecnología”, explica Duarte.

Las implicancias van de la repetición de estudios a mayor utilización de insumos, sobrecarga de trabajo y demoras en la atención. Son los llamados costos ocultos de la no calidad, que impactan tanto en la eficiencia del sistema como en la experiencia del paciente.

En este punto, la Dra. Carolina Schneider, especialista clínica de BD, aporta una mirada sobre los procesos y detalla que “la fase preanalítica es responsable por el 70% de los errores laboratoriales, pero es posible reducirlos con productos de calidad en la rutina y con la implementación de buenas prácticas en los laboratorios”. Y agrega que “la estandarización de los procesos y la capacitación de los equipos clínicos son claves para sostener la mejora continua y garantizar resultados confiables”.

Más allá de lo técnico, el abordaje de la bioseguridad incorpora una dimensión conceptual, porque la muestra biológica “no es un objeto, representa a una persona y no se puede perder ni reemplazar sin consecuencias”, señala Duarte.

Cada tubo contiene información clínica, pero también biológica y potencialmente genética, lo que refuerza la necesidad de garantizar trazabilidad, integridad y condiciones adecuadas en todo el proceso. Bajo este enfoque, toda muestra debe considerarse potencialmente infecciosa.

La organización de la atención también redefine la fase preanalítica porque además, la toma de muestras no se limita al laboratorio: se realiza en la cama del paciente, en el domicilio o en unidades móviles. “La extracción hoy ocurre en múltiples entornos. Cada uno de esos escenarios suma variables que, si no se controlan, pueden impactar en la calidad del resultado”, advierte Duarte y apunta que las condiciones físicas y organizacionales forman parte del problema. Circuitos de circulación, diseño de espacios y dinámicas de trabajo pueden influir en la seguridad del procedimiento.

“Hemos visto situaciones donde, por cuestiones de espacio o circulación, un profesional debe moverse con una aguja usada, lo que aumenta el riesgo de accidentes”, describe.

Tecnología y estandarización

Frente a este escenario, la innovación tecnológica es una herramienta para mejorar la calidad y reducir riesgos en la fase preanalítica si se tiene en cuenta que la bioseguridad ocupa un lugar central en la organización de los cuidados en salud. En la práctica diaria, el personal sanitario está expuesto a accidentes cortopunzantes y lesiones percutáneas durante la toma de muestras, situaciones que implican un riesgo de contacto con enfermedades de transmisión sanguínea. A nivel global, se estima que el 86% de estos eventos involucra agujas contaminadas, una amenaza  que puede reducirse mediante la incorporación de dispositivos diseñados con tecnología de bioseguridad.

En este sentido, los sistemas cerrados de extracción al vacío permiten recolectar la muestra directamente en tubos preparados, lo que evita manipulaciones adicionales y reduce la posibilidad de errores. Estos tubos contienen aditivos específicos según el tipo de análisis, e  identificados por colores, lo que contribuye a estandarizar el proceso y mejorar la calidad del resultado.

Por su parte, dispositivos como las agujas tipo “mariposa” incorporan mecanismos de seguridad que se activan inmediatamente después de la punción. Algunos modelos permiten retraer la aguja con una sola mano, incluso antes de retirarla completamente, lo que disminuye la exposición a accidentes cortopunzantes.

Este tipo de desarrollos, impulsados por empresas de tecnología médica como BD, buscan intervenir sobre los puntos críticos del proceso: desde la toma de la muestra hasta su conservación.

“Es posible reducir errores con la incorporación de tecnología y buenas prácticas en la rutina”, señala Schneider.

La implementación, sin embargo, es heterogénea. En la región conviven instituciones que avanzan en la estandarización de procesos con otras donde persisten prácticas que pueden comprometer la calidad.

Entre ellas, el uso de jeringas para la extracción de sangre, una técnica que especialistas desaconsejan por su impacto en la integridad de la muestra y los riesgos asociados.

El abordaje de la bioseguridad en la fase preanalítica plantea desafíos que exceden lo técnico. La necesidad de marcos regulatorios, sistemas de vigilancia y políticas públicas específicas aparece como un eje pendiente en muchos países de la región.

Mientras en Europa existen normativas más extendidas sobre el uso de dispositivos de bioseguridad, en América Latina la adopción es dispar. Brasil es uno de los pocos países que avanzó en regulaciones en este sentido. En paralelo, el subregistro de accidentes laborales continúa siendo un obstáculo para dimensionar el problema y diseñar estrategias efectivas.

En este contexto, la seguridad del paciente se consolida como un concepto transversal que atraviesa todo el proceso de atención, porque antes del diagnóstico, antes del tratamiento, incluso antes del contacto clínico más complejo, hay un momento inicial donde se define la calidad de la información. Y con ella, en gran medida, la calidad del cuidado y la seguridad tanto de pacientes, como de trabajadores de la salud.

 

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