La Universidad ISALUD fue sede de las IV Jornadas de Investigación en Disparidades en Salud, un encuentro que reunió a referentes académicos, investigadores y decisores para debatir uno de los núcleos más persistentes de la salud pública: la inequidad. Organizadas junto a la Asociación Argentina de Salud Pública y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad, en articulación con la Fundación Huésped, la Universidad Nacional Arturo Jauretche y la Universidad Nacional de General Sarmiento, junto con actores internacionales, las jornadas pusieron el foco en la necesidad de avanzar desde la evidencia hacia la acción.
Desde la apertura, se planteó como consenso que medir las desigualdades es necesario, pero insuficiente. “No basta con medir las desigualdades, el objetivo es reducirlas”, fue una de las ideas fuerza que atravesó el encuentro, en el que se destacó la relación entre inequidad, derechos humanos y justicia social.
Los determinantes sociales
La jornada cerró con la conferencia del epidemiólogo Eliseo Pérez-Stable, director del National Institute on Minority Health and Health Disparities, quien aportó una perspectiva internacional sobre las desigualdades en salud.
Pérez-Stable presentó la denominada “paradoja latina”, un fenómeno que desafía las explicaciones tradicionales: “Por cada dólar que tiene un hogar americano blanco, el hogar afroamericano tiene 10 centavos, el hogar latino en Estados Unidos tiene 12 centavos… y sin embargo… la mortalidad es más baja”, ejemplificó con datos que tensionan la relación lineal entre ingreso y salud, y obliga a incorporar otros factores. Entre ellos, el nivel educativo aparece como determinante clave: “Si tienes título universitario, independientemente de raza, vives más de 84 años… casi 11 años [de diferencia] entre alguien con college y alguien que tiene menos de secundaria”, dijo.
Pero el expositor fue más allá del individuo y puso el foco en el entorno y subrayó que “cambiar la estructura donde uno vive, el ambiente donde uno vive, puede afectar tu salud sin necesariamente tener mucho más dinero”. Así, los determinantes sociales, como el barrio, la integración social o las condiciones de vida, emergen como variables críticas en la producción de desigualdades.
En relación con el contexto local, Pérez-Stable advirtió sobre tendencias preocupantes como aumento de muertes por violencia, suicidio y caídas, frente a mejoras en enfermedades infecciosas y cardiovasculares. “En Argentina se confrontan muchos de los mismos temas… no solamente en las enfermedades crónicas, sino también los factores sociales en la salud”, afirmó. Estos datos -señaló- reflejan una transición epidemiológica compleja, donde coexisten avances biomédicos con desigualdades sociales persistentes, lo que plantea desafíos para el diseño de políticas públicas integrales.
El encuentro también dejó en evidencia cómo las decisiones políticas impactan en la producción de conocimiento. En referencia a Estados Unidos, Pérez-Stable describió una situación crítica en los institutos de salud: “Actualmente 17 de los institutos están sin director permanente” y “cancelaron más del 35% de los subsidios o fondos de financiamiento”, muchos vinculados a investigaciones sobre diversidad, restricciones que no solo afectan la generación de evidencia, sino también la capacidad de abordar desigualdades estructurales. La tensión entre ciencia, políticas públicas y financiamiento aparece como un factor clave en la agenda de salud global.
Las IV Jornadas dejaron como conclusión que el desafío de las disparidades en salud es profundamente político y social y que la producción de evidencia, el desarrollo metodológico y la innovación tecnológica son condiciones necesarias, pero no suficientes.
La pregunta que atraviesa el campo es cómo traducir ese conocimiento en políticas efectivas que reduzcan desigualdades en contextos marcados por restricciones económicas, tensiones institucionales y determinantes sociales persistentes.