Más de 1 de cada 3 personas en el mundo -unos 3.400 millones- tendrá a lo largo de su vida algún trastorno cerebral mientras que las enfermedades neurológicas ya son la principal causa de discapacidad y la segunda causa de muerte global, con 11 millones de fallecimientos anuales.
Frente al desafío que este escenario implica para los sistemas de salud, el estado del cerebro empieza a leerse como una variable estructural y sus condiciones vinculadas -que incluyen desde enfermedades neurológicas hasta trastornos mentales- y explican cerca del 24% de la carga global de enfermedad, pero reciben apenas el 2% del presupuesto sanitario en salud mental.
En la vida cotidiana, ese desbalance se refleja en dificultades de aprendizaje, problemas de concentración, ansiedad, depresión, deterioro cognitivo en la vejez, que en conjunto configuran un fenómeno que atraviesa todo el ciclo vital y que impacta tanto en la calidad de vida como en el funcionamiento de las economías.
Tampoco la dimensión económica pasa inadvertida cuando la ansiedad y la depresión explican unos 12 mil millones de días laborales perdidos por año en el mundo, con un costo cercano a 1 billón de dólares en productividad. La demencia, que hoy afecta a más de 55 millones de personas, podría alcanzar a 139 millones hacia 2050 con un costo global estimado en 1,3 billones de dólares en 2019 que sigue en aumento a medida que crece la longevidad.
Todos estos números reflejan que el vínculo entre cerebro y desarrollo empieza a cuantificarse con mayor precisión. Se estima que invertir en salud, incluida la salud cerebral, podría incrementar el PBI global hasta un 12% y generar 11,7 billones de dólares en valor económico. A su vez, escalar intervenciones de prevención y tratamiento podría evitar hasta 267 millones de años de vida ajustados por discapacidad antes de 2050, con impacto directo en productividad y bienestar.
La discusión también alcanza a la infancia: programas de calidad en los primeros años pueden generar retornos anuales de entre 7% y 13%, con relaciones beneficio-costo de hasta 9 a 1. Y hacia adelante, el mercado laboral refuerza la tendencia: casi el 60% de la fuerza de trabajo global necesitará nuevas habilidades hacia 2030, muchas de ellas vinculadas a capacidades cognitivas y socioemocionales.
A nivel local, en Argentina el impacto ya tiene traducción concreta con la pérdida de capital cerebral por trastornos mentales, neurológicos y consumo de sustancias, que en 2023 representó el equivalente al 1,4% del PBI.
En este contexto, la salud cerebral empieza a abarcar el sueño, la educación, los entornos sociales, la estimulación cognitiva y la salud mental y también pone el foco en desigualdades: no todos los grupos acceden a condiciones que favorezcan el desarrollo y cuidado del cerebro a lo largo de la vida.
Frente a este escenario, el neurocientífico y fundador de INECO Facundo Manes resume: “No hay desarrollo sostenible sin salud cerebral. En el siglo XXI, cuidar el cerebro humano no es solo una prioridad sanitaria: es también una condición para educar mejor, trabajar mejor, innovar más y construir sociedades más resilientes”.
Buenos Aires, sede de un debate global
Con ese telón de fondo, Buenos Aires será sede del 2nd Meeting of the International Alliance on Brain Health, que se realizará el 24 y 25 de abril. El encuentro es organizado por Fundación INECO junto a Swiss Brain Health Foundation, en colaboración con The Lancet Commission on Brain Health.
Durante dos días, especialistas en neurología, psiquiatría, salud pública e investigación debatirán cómo traducir esta agenda en políticas concretas en una convocatoria que incluye representantes de instituciones como la American Academy of Neurology, la World Federation of Neurology, la World Psychiatric Association, la Alzheimer’s Association, la American Heart Association, el Global Brain Health Institute y el European Brain Council, entre otras.
Los ejes abarcan desde la prevención a lo largo de la vida hasta el envejecimiento cerebral, la salud mental, el sueño, la neurorrehabilitación, la desigualdad y la transformación de los sistemas de salud. La realización del encuentro en la Argentina se inscribe en una agenda que ya se discute en foros como el G20 y el Foro Económico Mundial, donde la relación entre cerebro, capital humano y crecimiento económico gana cada vez más espacio.