miércoles 29 de abril de 2026 - Edición Nº2702

PUNTO DE VISTA | 29 abr 2026

Opinión

El sistema de salud que no mide a sus propios recursos humanos

10:19 |Argentina no sabe exactamente cuántos médicos activos tiene. O más precisamente: sabe mal, sabe tarde y sabe poco sobre dónde están, en qué trabajan y qué tan cerca o lejos están de donde la población los necesita.


Para un país que se jacta de tener una relación médico-habitante comparable a la de países desarrollados, esta ignorancia estructural no es un detalle menor. Es un síntoma de cómo el sistema de salud argentino históricamente trató a sus propios recursos humanos: como insumos que se supone que aparecen, y no como activos estratégicos que hay que planificar, medir y retener

Lo que sabemos, lo que creemos saber y lo que ignoramos

El esfuerzo más serio de sistematización fue la Red Federal de Registros de Profesionales de la Salud (REFEPS), creada para construir el primer registro global de médicos del país. Sus datos de 2020 -los más completos disponibles- indican que hay alrededor de 209.000 médicos con matrícula activa en todo el territorio nacional, lo que representa aproximadamente 4,6 médicos por cada mil habitantes. En términos de densidad bruta, ese número coloca a Argentina en una posición relativamente cómoda según estándares internacionales.

El problema es que la densidad promedio oculta más de lo que revela. CABA tenía, según los datos del REFEPS 2020, una tasa de 16,5 médicos por cada mil habitantes, mientras que Santiago del Estero y Formosa alcanzaban apenas valores de 1,8 y 1,9 por mil, respectivamente. La brecha entre la provincia mejor y peor dotada es de casi nueve a uno. No es una diferencia de matices: es un sistema de salud que coexiste con un desierto de recursos humanos en las regiones con mayor pobreza y peor perfil epidemiológico.

Pero la desigualdad geográfica no es el único problema. En el mismo estudio, respecto de 2014, se observó una disminución de especialistas en Atención Primaria de la Salud del 14,8%, registrándose las mayores pérdidas en Santiago del Estero, Formosa y Catamarca, con caídas del 84,5%, 70,1% y 87,3%, respectivamente. Es decir, las provincias que menos médicos tenían, son también las que más los perdieron especialmente en el nivel de atención donde más se necesitan.

El dato que nadie registra: cuántos se van

A la insuficiencia del registro interno se suma un fenómeno creciente que tampoco se mide con rigor: la emigración de profesionales. En Santa Fe, a mediados de noviembre 2024, habían emigrado al exterior 65 médicos de la ciudad capital, según datos del Colegio Médico provincial, incluyendo tanto generalistas como especialistas, impulsados por la ausencia de incentivos y políticas públicas a largo plazo. El fenómeno se aceleró en 2025, cuando el Gobierno nacional validó los títulos médicos argentinos de universidades acreditadas por CONEAU para ejercer en el exterior sin necesidad de reválida.

“Tiene un lado positivo y un lado negativo”…“hay un reconocimiento a todos los profesionales que salen de las universidades”….“El problema que nosotros tenemos en algunas provincias, yo soy de Salta, es que a veces hay dificultades para cubrir cargos en el interior de las provincias, en la Argentina más profunda y, si no hay políticas de recursos humanos que tienten a los profesionales a quedarse, muchos van a buscar y van a optar por migrar. Es decir, que nuestras universidades van a formar profesionales y estos van a migrar a lugares donde sean mejor remunerados” decía Jorge Coronel, vicepresidente de la COMRA

La paradoja es mayúscula: Argentina invierte entre doce y catorce años en formar a cada especialista -grado, residencia, especialización- en su enorme mayoría con financiamiento público. No existe un sistema que mida en tiempo real cuántos de esos profesionales siguen ejerciendo aquí, dónde lo hacen y en qué condiciones.

Como escribí en 2024, la escasez de profesionales en el sector salud se ha convertido en un problema crítico que afecta la accesibilidad a la atención médica en la Argentina, con profundas implicaciones para la equidad en la atención y para la sostenibilidad económica del sistema de salud.

El problema del registro: activo no equivale a disponible

Uno de los límites más serios del REFEPS y de cualquier sistema de registro basado en matrícula es que una matrícula activa no garantiza actividad real. Un médico puede tener matrícula vigente en una provincia y ejercer en otra, trabajar en exclusividad en el sector privado sin ninguna articulación con el sistema público, o directamente haber abandonado el ejercicio clínico para dedicarse a la gestión, la docencia o la industria farmacéutica. El registro no captura nada de eso.

Lo que el sistema necesita -y no tiene- es un dato de actividad efectiva: cuántas horas clínicas se prestan, en qué nivel de atención, con qué tipo de contratación y en qué geografía. Ese dato existe fragmentadamente en los sistemas de liquidación de haberes de los hospitales públicos, en los padrones de prestadores de obras sociales y prepagas, en los registros de residencias. Nadie lo integra.

Lo que una buena planificación requeriría

La planificación de recursos humanos en salud no es un ejercicio burocrático: es la base sobre la cual se decide cuántos residentes formar en cada especialidad, qué incentivos ofrecer para atraer médicos al interior profundo, cómo anticipar los efectos del envejecimiento de la propia fuerza de trabajo sanitaria.

Sin un sistema de información robusto, esas decisiones se toman a ciegas o, lo que es peor, se toman en función de presiones corporativas y electorales antes que de necesidades sanitarias reales. El médico sigue siendo un dato que el sistema no sabe leer. Lo que no se mide, difícilmente se gestione.

(*) Director General Adjunto, Hospital Carlos Durand. Profesor Universitario

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