jueves 14 de mayo de 2026 - Edición Nº2717

PREVENCIÓN & PROMOCIÓN | 14 may 2026

Meningitis: aumentan los casos y preocupa la caída en la vacunación adolescente

12:25 |Los casos de meningitis en Argentina superan este año los valores esperados y reavivan la preocupación por una enfermedad de rápida evolución y alto riesgo de secuelas mientras caen las coberturas de vacunación. Por qué es importante sostener la prevención en todas las etapas de la vida.


En lo que va de 2026, Argentina registró 172 casos de meningitis, una cifra superior a la mediana de los últimos cuatro años para la misma semana epidemiológica. El dato, difundido por el Boletín Epidemiológico Nacional, vuelve a poner en agenda una enfermedad poco frecuente, pero de evolución potencialmente grave y rápida, especialmente cuando se trata de formas bacterianas.

Aunque el incremento todavía no configura un brote a nivel nacional, especialistas advierten que el escenario obliga a reforzar la vigilancia epidemiológica y a revisar las coberturas de vacunación, sobre todo en adolescentes, donde los niveles de inmunización muestran un descenso sostenido.

La preocupación creció también en las últimas semanas tras la confirmación de ocho casos de meningitis de distintas etiologías en Salta. Si bien no todos los cuadros responden a la misma causa ni presentan igual gravedad, los expertos coinciden en que el principal desafío sigue siendo la detección temprana y la prevención.

La meningitis es una inflamación de las meninges -las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal- y puede ser causada por virus, bacterias, hongos o parásitos. Las bacterianas son las más severas porque pueden avanzar en pocas horas y dejar secuelas neurológicas permanentes o provocar la muerte.

Entre los síntomas más frecuentes aparecen fiebre alta, dolor de cabeza intenso, rigidez en el cuello, vómitos, sensibilidad a la luz y alteraciones del estado mental. En bebés, los signos suelen ser más inespecíficos y hay que estar atentos si aparecen irritabilidad, somnolencia, rechazo al alimento o llanto persistente.

“El problema es que los primeros síntomas pueden confundirse con otras infecciones comunes y eso demora la consulta y el tratamiento”, explica Enrique Casanueva, jefe emérito del Servicio de Infectología Infantil del Hospital Universitario Austral y agrega que “reconocer los signos de alarma y consultar precozmente es fundamental para reducir el riesgo de secuelas”.

Infrecuente pero con alto impacto

Dentro de las meningitis bacterianas, una de las más preocupantes es la enfermedad meningocócica invasiva, causada por la bacteria Neisseria meningitidis. Aunque su incidencia es baja en comparación con otras enfermedades infecciosas, tiene una elevada letalidad: entre el 10% y el 15% de los casos puede resultar fatal y hasta uno de cada cinco sobrevivientes puede presentar secuelas permanentes, como pérdida auditiva, trastornos cognitivos o daño neurológico. “Más allá de su baja frecuencia, la gravedad de la enfermedad radica en que puede ser aguda y fulminante en niños previamente sanos”, señala el especialista.

Los niños menores de un año constituyen el grupo de mayor riesgo, aunque la circulación de la bacteria también involucra a adolescentes y adultos jóvenes, que suelen actuar como portadores asintomáticos.

En este contexto aparece uno de los principales puntos de debate sanitario como son las coberturas de vacunación. Según datos oficiales, mientras la primera dosis contra meningococo alcanza al 83,5% de los bebés de tres meses, la cobertura cae al 72,9% en el refuerzo de los 15 meses y desciende aún más en la adolescencia: apenas el 51,9% recibe la dosis indicada a los 11 años.

Frente a este número preocupante la adolescencia representa una etapa crítica para la transmisión debido a los entornos de convivencia cercana, como escuelas, clubes o reuniones sociales y en este sentido Casanueva resalta que “la vacunación oportuna permite no solo proteger a quien recibe la dosis, sino también disminuir la transmisión entre contactos cercanos. De hecho, en el caso del Meningococo, los adolescentes y adultos jóvenes presentan las tasas más altas de portación”.

“Hace años que intentamos derribar la idea de que las vacunas son solo para la infancia. Existen esquemas recomendados a lo largo de toda la vida y sostenerlos es clave para prevenir enfermedades graves”, sostiene Casanueva.

Sostener la percepción del riesgo

La situación también expone una falta de campañas claras y persistentes en el tiempo que apunten a mantener la percepción del riesgo en enfermedades que hoy son menos visibles gracias justamente a las vacunas.

En Argentina, el Calendario Nacional incluye vacunas contra algunas de las principales bacterias asociadas a meningitis, como meningococo, neumococo y Haemophilus influenzae tipo b. Sin embargo, la reducción de casos en las últimas décadas generó un fenómeno paradojal: cuanto menos circula una enfermedad, menor parece ser la sensación de amenaza social.

A eso se suma el desafío de la heterogeneidad de los serogrupos bacterianos. Entre 2022 y 2024, el 95% de los casos de meningococo en menores de un año fueron causados por el serogrupo B, una variante que no está incluida en la vacuna tetravalente incorporada al calendario oficial. Esto abrió discusiones entre especialistas sobre estrategias de protección complementarias según edad y factores de riesgo.

La Organización Panamericana de la Salud advierte, además, que la carga real de enfermedad en la región podría estar subestimada por limitaciones en los sistemas de notificación y diagnóstico.

Frente a este escenario el aumento de casos no debe interpretarse desde la alarma, pero sí como una señal de atención. La combinación entre vigilancia epidemiológica, diagnóstico precoz y coberturas altas de vacunación sigue siendo la principal herramienta para reducir el impacto de una enfermedad que, aunque poco frecuente, puede cambiar la vida de una persona en cuestión de horas. “Gracias a las vacunas, la vida actual ha cambiado en lo que respecta a algunas enfermedades infecciosas. Nos hemos acostumbrado tanto a ellas que corremos el peligro de no saber apreciarla y sostenerla”, concluye Casanueva.

 

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