martes 26 de mayo de 2026 - Edición Nº2729

PREVENCIÓN & PROMOCIÓN | 26 may 2026

El límite de los antibióticos: por qué crece la preocupación por las bacterias resistentes

15:46 |El aumento de bacterias resistentes a los antibióticos ya genera más internaciones complejas, tratamientos limitados y mayor mortalidad en hospitales argentinos. Una revisión publicada en MEDICINA (Buenos Aires) bajo el título “Resistencia a los antibióticos: ¿y ahora qué?” plantea la necesidad de un cambio cultural urgente para preservar la eficacia de los antimicrobianos.


Durante buena parte del siglo XX, los antibióticos transformaron la historia de la medicina. Infecciones que hasta entonces podían resultar fatales comenzaron a tratarse de manera eficaz y la expectativa de vida cambió drásticamente gracias a medicamentos que parecían haber resuelto uno de los grandes desafíos sanitarios de la humanidad. Sin embargo, ese escenario empezó a modificarse en silencio. Las bacterias desarrollaron mecanismos para resistir tratamientos que durante décadas funcionaron y el uso masivo -muchas veces innecesario o inadecuado- de antimicrobianos aceleró un proceso que hoy preocupa a organismos internacionales, sistemas de salud y comunidades científicas de todo el mundo.

La resistencia a los antimicrobianos (RAM) se consolidó como una de las principales amenazas sanitarias globales porque compromete la eficacia de medicamentos esenciales para tratar infecciones comunes, realizar cirugías complejas, sostener terapias intensivas o acompañar tratamientos oncológicos y trasplantes. Una revisión publicada en la revista MEDICINA (Buenos Aires) advierte que el fenómeno atraviesa la salud humana, la producción animal y el ambiente, y que sus consecuencias ya impactan sobre la mortalidad, los costos sanitarios y la capacidad de respuesta de los sistemas de atención.

Los datos globales reflejan la magnitud del problema. Según el trabajo, en 2021 la resistencia antimicrobiana estuvo asociada a 1,14 millones de muertes en el mundo y las proyecciones para América Latina y el Caribe indican que hacia 2050 podrían registrarse unas 650 mil muertes relacionadas con infecciones resistentes. Aunque durante años la problemática pareció concentrarse en ámbitos hospitalarios especializados, hoy se extiende a múltiples escenarios y afecta tanto a países de altos ingresos como a sistemas sanitarios con recursos limitados.

Argentina aparece dentro de ese mapa con indicadores preocupantes. En 2024, la resistencia a carbapenemes -uno de los grupos de antibióticos considerados de última línea- en Klebsiella pneumoniae alcanzó el 40% en infecciones de sangre, el 34% en neumonías y el 44% en infecciones urinarias. En el caso de Acinetobacter baumannii, una bacteria asociada con frecuencia a terapias intensivas y cuadros graves, la resistencia a carbapenemes llegó al 80% en muestras de sangre.

La circulación de microorganismos multirresistentes dentro de hospitales ya tiene consecuencias concretas sobre la evolución clínica de los pacientes. Un estudio realizado en 164 unidades de terapia intensiva argentinas y citado en la revisión mostró que más de la mitad de los pacientes internados presentaban infecciones y que el 45,5% de esos cuadros estaba causado por microorganismos resistentes. La mortalidad intrahospitalaria fue del 27,1%, aunque ascendió al 35% cuando intervenían bacterias multirresistentes.

El impacto sanitario también se traduce en internaciones más prolongadas, mayores costos de atención y tratamientos cada vez más complejos. En muchos casos, las alternativas disponibles son más tóxicas, más costosas o menos accesibles, mientras que el desarrollo de nuevos antibióticos avanza con lentitud frente a la velocidad con la que evolucionan los mecanismos de resistencia bacteriana. El proyecto EMBARCAR, mencionado en el trabajo, registró una mortalidad del 52,4% en bacteriemias causadas por bacilos Gram negativos resistentes a carbapenemes, uno de los escenarios más críticos dentro de la infectología actual.

La revisión pone especial énfasis en el enfoque “One Health”, impulsado por organismos internacionales para abordar la resistencia antimicrobiana desde una perspectiva integral que vincula salud humana, salud animal y ambiente. El trabajo recuerda que gran parte de los antibióticos producidos a nivel mundial se utiliza en animales destinados a consumo humano, especialmente en ganadería, avicultura, porcinos y acuicultura, no sólo para tratar enfermedades sino también de manera preventiva o como promotores de crecimiento.

Ese uso intensivo favorece la aparición y circulación de bacterias resistentes que pueden transmitirse entre animales, personas y ecosistemas. Aguas residuales, residuos hospitalarios, efluentes industriales y descarte inadecuado de medicamentos funcionan además como reservorios ambientales donde los genes de resistencia continúan expandiéndose. El documento también menciona el impacto potencial del cambio climático y el aumento de las temperaturas sobre la diseminación bacteriana.

En Argentina, una de las medidas recientes más relevantes fue la decisión del SENASA de prohibir el uso de antimicrobianos como promotores de crecimiento animal a través de la Resolución 445/2024. Aunque la medida representa un avance regulatorio importante, los especialistas señalan que el problema requiere transformaciones mucho más amplias y sostenidas.

En ese contexto, los autores proponen reemplazar la idea tradicional de “uso racional” de antibióticos por la de “uso responsable”, una definición que incorpora la corresponsabilidad de todos los actores involucrados en la cadena de utilización de antimicrobianos: profesionales de la salud, veterinarios, productores, industrias farmacéuticas, gobiernos y pacientes. La automedicación, las prescripciones innecesarias, la interrupción prematura de tratamientos y el uso indiscriminado en producción animal forman parte de prácticas que contribuyen al avance de la resistencia.

Las estrategias de contención incluyen programas de optimización de antimicrobianos, vigilancia epidemiológica, fortalecimiento de medidas de control de infecciones y acceso a diagnósticos microbiológicos rápidos que permitan indicar tratamientos más precisos. Argentina cuenta además con la Ley 27.680, orientada a regular la venta y publicidad de antibióticos, fortalecer sistemas de vigilancia y promover campañas de concientización e investigación.

La preocupación de fondo atraviesa toda la discusión sanitaria contemporánea: preservar la eficacia de los antimicrobianos resulta indispensable para sostener buena parte de la medicina moderna. La posibilidad de realizar cirugías complejas, trasplantes, tratamientos inmunosupresores o cuidados intensivos depende en gran medida de contar con antibióticos capaces de prevenir y tratar infecciones de manera efectiva.

La resistencia antimicrobiana avanza sin el impacto inmediato de otras emergencias sanitarias, aunque los datos epidemiológicos muestran que sus consecuencias ya son visibles. Frente a un fenómeno que combina dimensiones médicas, ambientales, productivas y culturales, la pregunta planteada en el título del trabajo -“¿y ahora qué?”- advierte sobre la necesidad de actuar antes de que infecciones hoy tratables vuelvan a convertirse en amenazas de difícil control.

 

 

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