El accidente cerebrovascular (ACV) continúa representando uno de los mayores desafíos sanitarios de la Argentina. Con más de 25.000 casos anuales y como segunda causa de muerte en el país, la enfermedad concentra una paradoja que preocupa a especialistas y autoridades sanitarias: mientras la medicina dispone de tratamientos cada vez más eficaces para reducir la mortalidad y las secuelas, una gran proporción de los pacientes sigue llegando tarde al sistema de atención.
La problemática volvió a ocupar un lugar central durante el Congreso Global Stroke Alliance 2026, realizado en Buenos Aires, donde expertos nacionales e internacionales coincidieron en que el principal obstáculo para mejorar los resultados clínicos no radica únicamente en la disponibilidad de tecnología o innovación terapéutica, sino en las dificultades para garantizar una respuesta coordinada y oportuna en todo el territorio.
La conclusión compartida por los especialistas fue la necesidad de avanzar hacia una red federal e integral de atención cerebrovascular capaz de articular prevención, detección temprana, derivación rápida y acceso a centros especializados.
“El paciente sigue llegando tarde a las terapias que la ciencia ofrece hoy. La solución no es solo tecnológica, es organizativa”, afirmó el neurocirujano endovascular Pedro Lylyk durante el encuentro.
Según explicó, el desafío exige una transformación que abarque todas las etapas del cuidado. “Necesitamos construir una red integral con un solo objetivo: proteger el cerebro con eficiencia y eficacia. Esto implica desde invertir en la educación y buena alimentación de nuestros niños para prevenir, hasta impulsar la certificación de centros de ACV y coordinar un plan federal que garantice el acceso equitativo. Cada país de la región necesita sincronizar su sistema en cada fase del cuidado del paciente”, sostuvo.
Una enfermedad tiempo-dependiente
Los especialistas recuerdan que el ACV constituye una emergencia médica en la que cada minuto resulta determinante. La posibilidad de acceder a terapias específicas depende de ventanas de tiempo limitadas, por lo que los retrasos en el reconocimiento de los síntomas, la activación de los servicios de emergencia o las derivaciones pueden traducirse en mayores secuelas neurológicas, discapacidad permanente e incluso muerte.
Aunque más del 80% de los casos se producen en personas mayores de 65 años, los factores de riesgo asociados como hipertensión arterial, sobrepeso, obesidad, diabetes, tabaquismo y sedentarismo se encuentran ampliamente extendidos en otros grupos etarios, lo que refuerza la necesidad de fortalecer las estrategias preventivas.
En este contexto, los especialistas señalaron que las desigualdades territoriales representan una de las principales barreras. La disponibilidad de centros especializados, equipos entrenados y circuitos de derivación difiere significativamente entre regiones, generando diferencias en las posibilidades de recibir atención adecuada dentro de los tiempos recomendados.
Redes de atención y acceso equitativo
Durante el encuentro también se presentó el Plan Nacional Federal de Salud contra el ACV, una iniciativa orientada a coordinar redes provinciales y fortalecer un abordaje integral de la enfermedad.
La propuesta apunta a consolidar sistemas de referencia y contrarreferencia que permitan identificar rápidamente a los pacientes y derivarlos hacia instituciones con capacidad para brindar tratamientos especializados.
Para los expertos, la organización de redes asistenciales resulta tan importante como la incorporación de nuevas tecnologías. La evidencia internacional muestra que los sistemas que cuentan con protocolos integrados, centros certificados y mecanismos de coordinación entre hospitales logran reducir la mortalidad y mejorar los resultados funcionales de los pacientes.
Andrés Valencia, líder de Ciencias Médicas de Neurovascular de Medtronic, destacó que la respuesta requiere la participación de múltiples actores del sistema sanitario y apuntó que “ningún actor puede resolver este desafío por separado. Las alianzas entre el sistema de salud, la industria, las sociedades médicas y los gobiernos son la clave”.
“Debemos poner al paciente en el centro y trabajar en equipo para identificar y corregir las falencias de la región: desde educar a la población para que reconozca los síntomas hasta asegurar que cada paciente llegue a un centro especializado. Atender un ACV es atender toda la cadena de cuidado, y eso solo es posible de forma colaborativa”, agregó.
De la innovación a la implementación
Además de los avances terapéuticos, el encuentro abordó el potencial de herramientas digitales e inteligencia artificial para optimizar procesos asistenciales, mejorar la coordinación entre instituciones y agilizar la toma de decisiones clínicas.
Sin embargo, los especialistas coincidieron en que la innovación tecnológica por sí sola no resolverá los problemas estructurales de acceso. El desafío central continúa siendo la capacidad de los sistemas de salud para organizar respuestas integradas que permitan aprovechar los recursos ya disponibles.
La discusión puso en evidencia la brecha entre el desarrollo científico y la posibilidad real de que los pacientes accedan a los beneficios de esos avances en tiempo y forma y que reducir el impacto del ACV demandará fortalecer la prevención, mejorar el reconocimiento temprano de los síntomas y construir redes asistenciales capaces de garantizar una atención rápida y equitativa, independientemente del lugar donde viva cada paciente.