miércoles 17 de junio de 2026 - Edición Nº2751

PREVENCIÓN & PROMOCIÓN | 17 jun 2026

El cáncer silencioso que pone a prueba a los sistemas de salud

10:44 |La mayoría de los tumores renales no presenta síntomas en etapas iniciales. Mientras la medicina amplía las opciones terapéuticas, el acceso al diagnóstico oportuno continúa siendo el principal desafío.


Cada año se diagnostican más de 434.000 nuevos casos de cáncer renal en el mundo y unas 155.000 personas mueren por esta causa. En Argentina, la enfermedad figura entre los tumores más frecuentes, pero sigue siendo poco visible y la ausencia de síntomas tempranos convierte al acceso oportuno a controles y estudios diagnósticos en un factor determinante para mejorar el pronóstico.

Así, el cáncer renal plantea una paradoja para los sistemas de salud: aunque los avances terapéuticos de los últimos años mejoraron las posibilidades de tratamiento y supervivencia, buena parte de los pacientes continúa llegando al diagnóstico cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada, por la simple y compleja razón de que en sus etapas iniciales el tumor suele crecer sin dar señales.

En el marco del Día Mundial del Cáncer Renal, especialistas advierten que esta enfermedad continúa siendo una de las más difíciles de detectar a tiempo y en Argentina se producen cerca de 4.900 diagnósticos anuales y más de 2.300 fallecimientos, cifras que ubican al país entre los de mayor incidencia de América Latina.

A diferencia de otros tumores para los que existen programas de tamizaje o estrategias de detección sistemática, el cáncer renal suele aparecer de manera inesperada y se estima que alrededor del 63% de los casos se detecta de forma incidental durante estudios solicitados por otros motivos.

«El cáncer renal es, en muchos casos, un hallazgo. Para cuando aparecen síntomas, la enfermedad suele encontrarse en estadios avanzados. Por eso, los controles médicos regulares son fundamentales, especialmente en personas con factores de riesgo. Detectarlo a tiempo puede cambiar significativamente el pronóstico», explica Jimena Maur Perotti, oncóloga clínica y asesora científica de Bristol Myers Squibb Argentina.

El problema de una enfermedad silenciosa

La mayoría de los tumores renales pequeños no generan síntomas ni pueden detectarse mediante un examen físico, su ubicación anatómica contribuye a que pasen inadvertidos durante años y cuando finalmente aparecen manifestaciones clínicas, estas suelen indicar una enfermedad más avanzada.

Los síntomas más frecuentes incluyen sangre en la orina, dolor persistente en la región lumbar, pérdida de peso involuntaria, fatiga, anemia, pérdida del apetito o fiebre prolongada sin causa aparente.

Esta característica plantea un desafío sanitario que trasciende la oncología porque la posibilidad de encontrar la enfermedad en etapas tempranas depende, en gran medida, de que las personas accedan regularmente al sistema de salud, realicen controles clínicos y puedan llegar a estudios diagnósticos como ecografías, tomografías o resonancias cuando existe una indicación médica.

Hoy, cuando existen dificultades de acceso, demoras diagnósticas y desigualdades territoriales, la detección precoz se convierte en un objetivo complejo, porque el problema no es solamente la enfermedad, sino también la capacidad del sistema para encontrarla antes de que avance.

Factores de riesgo conocidos, prevención posible

Aunque no existe una estrategia de detección poblacional para el cáncer renal, los especialistas coinciden en que buena parte del riesgo está asociada a factores modificables.

La edad, los antecedentes familiares y determinadas condiciones hereditarias influyen en la aparición de la enfermedad. Sin embargo, también existen factores estrechamente vinculados con hábitos y condiciones de salud prevalentes en la población.

«Dejar de fumar, hacer ejercicio regularmente, mantener una alimentación nutritiva, controlar la presión arterial y evitar la exposición a sustancias químicas de uso industrial son medidas clave de prevención», señala Gabriela Bugarin, directora médica de Oncología de MSD Argentina.

Entre los factores de riesgo más importantes se encuentran el tabaquismo, la obesidad y la hipertensión arterial. Según especialistas del Hospital Británico, el consumo de tabaco incrementa el riesgo de carcinoma de células renales en aproximadamente un 50% en los hombres y un 20% en las mujeres.

Para Carlos Silva, jefe del Servicio de Oncología del Hospital Británico, la prevención sigue siendo una herramienta central. «Hay factores de riesgo que no podemos modificar, como la edad, pero otros sí. El tabaquismo, la obesidad y la hipertensión arterial tienen un impacto significativo en la aparición de esta enfermedad», sostiene.

La diferencia entre llegar temprano y llegar tarde

Las estadísticas muestran con claridad el impacto del diagnóstico precoz: cuando el cáncer permanece localizado en el riñón, la supervivencia relativa a cinco años alcanza aproximadamente el 93%. Si la enfermedad se extiende a tejidos o ganglios cercanos, ese porcentaje desciende al 75%. Cuando existen metástasis a distancia, la supervivencia cae al 18%.

«La medicina ha avanzado de forma significativa y hoy más del 50% de los pacientes con cáncer renal en estadio temprano pueden curarse. Sin embargo, ese porcentaje cae drásticamente cuando la enfermedad se detecta en etapas avanzadas», afirma Bugarin.

La cirugía continúa siendo el tratamiento principal en los casos localizados y durante las últimas dos décadas se incorporaron terapias dirigidas e inmunoterapias que modificaron el pronóstico de muchos pacientes con enfermedad avanzada. «Se han desarrollado terapias dirigidas a blancos moleculares específicos y tratamientos de inmunoterapia que potencian la respuesta del sistema inmune. Estos avances han aumentado las posibilidades de curación y, en otros casos, permitido prolongar la supervivencia con buena calidad de vida», explica Silva.

Para Perotti, estos desarrollos están transformando el modo de entender la enfermedad. «Estamos avanzando hacia la posibilidad de cronificar algunos cánceres. En determinados casos, la enfermedad puede manejarse durante largos períodos, permitiendo que muchas personas vivan con cáncer y no solamente sobrevivan a él», señala.

El cáncer renal se presenta como un desafío para la agenda sanitaria y revela una vez más que mientras la innovación terapéutica amplía las posibilidades de tratamiento, la oportunidad de beneficiarse de esos avances sigue dependiendo de cómo y cuándo se llega al diagnóstico. Y frente a una enfermedad que rara vez da señales tempranas, fortalecer el acceso a los controles médicos, promover hábitos saludables y reducir las barreras para la realización de estudios diagnósticos aparecen como estrategias tan importantes como los nuevos tratamientos.

 

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