En Argentina el acceso a la salud está atravesado por fuertes desigualdades entre el sector público, la seguridad social y el subsector privado, y puntualmente los cuidados paliativos reflejan con nitidez esa fragmentación. Aunque el país logró importantes avances en la creación de servicios especializados, la formación de profesionales y el reconocimiento institucional de esta disciplina, recibir atención oportuna al final de la vida continúa dependiendo, en buena medida, del lugar donde vive cada persona y de la cobertura sanitaria a la que pertenece.
Esa es una de las principales conclusiones del proyecto internacional iLIVE, Buen Vivir, Buen Morir, que evaluó el desarrollo de los cuidados paliativos en 13 países utilizando el nuevo marco conceptual de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Argentina fue el único país latinoamericano incluido y quedó clasificada en el nivel de desarrollo "establecido", una categoría que reconoce avances, aunque todavía lejos de garantizar un acceso equitativo para toda la población.
El trabajo cobra especial relevancia frente a un escenario demográfico y epidemiológico que anticipa una demanda en crecimiento. Actualmente, más de 61 millones de personas necesitan cuidados paliativos en el mundo y las proyecciones indican que esa cifra aumentará de manera sostenida. Se estima que para 2060, el 47% de las personas que fallezcan requerirá algún tipo de atención paliativa, impulsado por el envejecimiento poblacional y el aumento de las enfermedades crónicas.
Para los investigadores, estos datos confirman que los cuidados paliativos no pueden entenderse como una prestación complementaria reservada para etapas terminales, sino como un componente indispensable de los sistemas de salud, orientado a aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades graves y de sus familias.
Un desarrollo desigual
El estudio analizó seis dimensiones clave: disponibilidad de servicios, políticas públicas, acceso a medicamentos esenciales, formación profesional, investigación y participación comunitaria. Sobre la base de 14 indicadores internacionales, comparó el grado de desarrollo alcanzado por cada país.
En Argentina, los resultados muestran avances concretos en la expansión de equipos especializados, la capacitación de profesionales y el reconocimiento institucional de la disciplina. Sin embargo, esos progresos conviven con obstáculos estructurales que limitan el acceso efectivo.
"La investigación muestra que el desarrollo de los cuidados paliativos es una realidad, pero también que el acceso continúa siendo desigual. Tener servicios, políticas o equipos especializados no garantiza que todas las personas puedan acceder a ellos cuando los necesitan", explica la médica paliativista Vilma Tripodoro, coordinadora de la Red-In Pal de Pallium Latinoamérica e integrante del equipo de investigación.
La principal dificultad identificada es la fragmentación del sistema sanitario argentino. La coexistencia de subsistemas con distintos niveles de financiamiento, organización y capacidad de respuesta genera diferencias importantes entre provincias, regiones y tipos de cobertura.
"Hoy el lugar donde una persona vive sigue condicionando las posibilidades reales de recibir cuidados paliativos oportunos y de calidad. Esa es una de las principales inequidades que debemos resolver", advierte Tripodoro.
La ley, entre el reconocimiento y la implementación
La investigación también pone el foco en un desafío recurrente de las políticas sanitarias argentinas: la distancia entre el reconocimiento formal de un derecho y su aplicación efectiva.
La sanción de la Ley Nacional de Cuidados Paliativos, en 2022, representó un hito al establecer el acceso a estos cuidados como un derecho para las personas con enfermedades amenazantes o limitantes para la vida. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la implementación aún es desigual y que persisten dificultades para traducir ese marco normativo en prestaciones concretas en todo el territorio.
La falta de financiamiento sostenido, las diferencias entre jurisdicciones y la ausencia de mecanismos homogéneos de organización explican parte de esas brechas.
Cuando tener servicios no alcanza
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que el crecimiento de los servicios especializados no necesariamente se traduce en mayor acceso para la población y advierten que existe una brecha entre la capacidad técnica desarrollada por los sistemas de salud y la atención que finalmente reciben las personas con enfermedades avanzadas o sufrimiento complejo. En otras palabras, la existencia de equipos, programas o protocolos no garantiza que los pacientes sean derivados a tiempo ni que reciban una atención integral.
A ello se suma otro problema: la escasez de información sistematizada. En numerosos países, incluida Argentina, todavía faltan registros que permitan conocer con precisión cuántas personas requieren cuidados paliativos, cuántas efectivamente los reciben y cuáles son las principales barreras de acceso. Sin esos datos, sostienen los autores, resulta difícil planificar políticas públicas y evaluar su impacto.
Un desafío para todo el sistema de salud
El estudio incluye un análisis comparativo entre Argentina y España, dos países con similitudes culturales pero con modelos sanitarios diferentes. Esa comparación permitió identificar experiencias útiles para fortalecer la integración de los cuidados paliativos en todos los niveles asistenciales y mejorar la coordinación entre servicios.
Entre las prioridades señaladas por el proyecto iLIVE figuran la incorporación de los cuidados paliativos en toda la red sanitaria, el fortalecimiento de equipos interdisciplinarios, el desarrollo de sistemas de información, la consolidación de políticas públicas sostenidas y, sobre todo, la reducción de las desigualdades territoriales.
"Los cuidados paliativos forman parte del derecho a la salud. El desafío ya no es demostrar su importancia, sino lograr que lleguen a todas las personas que los necesitan, en el momento oportuno y con la calidad adecuada", concluye Tripodoro.