miércoles 08 de julio de 2026 - Edición Nº2772

INVESTIGACIÓN + TRATAMIENTO | 7 jul 2026

La mortalidad por cáncer de mama cae en Argentina pero aumenta en menores de 45 años

Un estudio publicado en The Lancet Regional Health–Americas revela que la mortalidad por cáncer de mama disminuyó de manera sostenida en las últimas tres décadas, aunque ese avance no alcanza a todos los grupos por igual. En mujeres menores de 45 años, especialmente del NOA y el NEA, las tasas muestran una tendencia preocupante.


El cáncer de mama continúa siendo el tumor más frecuente y la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres argentinas. Cada año se diagnostican alrededor de 22.000 nuevos casos y se registran unas 6.000 muertes. Sin embargo, detrás de esas cifras aparece una señal alentadora: la mortalidad por esta enfermedad descendió de manera sostenida en las últimas tres décadas. La contracara es que esa mejora no se distribuye de forma homogénea y, entre las mujeres más jóvenes, el panorama comienza a generar preocupación.

Así lo muestra un estudio publicado en la revista The Lancet Regional Health–Americas, realizado por investigadores del Programa de Referencia y Biobanco Genómico de la República Argentina (PoblAR), que analizó la evolución de la mortalidad por cáncer de mama en todo el país entre 1991 y 2023. Los resultados evidencian importantes diferencias según la edad y la región de residencia.

Durante el período analizado se registraron 165.251 muertes por cáncer de mama en Argentina. La tasa de mortalidad estandarizada por edad fue de 21 fallecimientos cada 100.000 mujeres, una cifra considerablemente menor que la registrada entre 1985 y 1989, cuando alcanzaba los 27,6 por cada 100.000. En promedio, la mortalidad disminuyó un 0,8% anual.

La mayor parte de esa reducción se concentró en las mujeres de 45 años o más, donde las muertes descendieron un 22%. En cambio, entre las menores de esa edad la caída fue de apenas el 12% y, desde 2010, la tendencia comenzó a revertirse.

Según el trabajo, en las mujeres menores de 45 años la mortalidad aumentó un 1,57% anual durante los últimos años analizados. El dato más preocupante se observó en el Noroeste Argentino (NOA), donde el incremento alcanzó el 5% anual.

«Nos llamó especialmente la atención que la reducción observada a nivel nacional estuviera impulsada por las mujeres de 45 años o más. En las menores de 45 años las tasas mostraron trayectorias inestables y sin un descenso sostenido. Incluso se observaron aumentos recientes en el norte del país», señaló Marcelo I. Figueroa, investigador del Instituto de Ecorregiones Andinas (INECOA-CONICET-Universidad Nacional de Jujuy) y primer autor del estudio.

El desafío de las mujeres jóvenes

Para los investigadores, el aumento de la mortalidad en mujeres jóvenes merece especial atención porque suele tratarse de tumores con características biológicas diferentes.

«El dato más llamativo apareció en las regiones del Noroeste y Noreste, que históricamente registraban la mortalidad por cáncer de mama más baja del país y en los últimos años muestran señales de aumento entre las mujeres jóvenes», explicó Andrea Llera, investigadora del CONICET e integrante del Programa PoblAR.

La especialista advirtió que esta situación podría tener múltiples explicaciones. «El cáncer de mama en mujeres jóvenes suele presentar características más agresivas y responder peor a los tratamientos. A eso se suman cambios sociales, como la disminución del número de embarazos y de los períodos de lactancia, factores que se sabe tienen un efecto protector frente a la enfermedad», indicó.

Desigualdades regionales

El estudio no analizó pacientes individuales sino poblaciones completas, utilizando certificados de defunción y datos censales para reconstruir la evolución de la mortalidad en cada provincia y departamento del país. Esa mirada permitió identificar que las diferencias territoriales pueden ocultarse detrás de los promedios nacionales.

Los autores sostienen que esas desigualdades probablemente respondan a una combinación de factores: acceso al diagnóstico precoz, disponibilidad de tratamientos, condiciones socioeconómicas, organización de los servicios de salud, características demográficas e incluso diferencias genéticas entre poblaciones.

«Este tipo de estudios permite identificar dónde conviene investigar y actuar con mayor profundidad. Los datos pueden ayudar a orientar mejor los recursos, fortalecer el diagnóstico oportuno y mejorar el acceso al tratamiento en las regiones donde la situación es más desfavorable», señaló Figueroa.

En esa línea, Llera explicó que varios integrantes del equipo participan de la Red de Estudio de la Diversidad en Cáncer de Mama (REDICAM), que actualmente desarrolla investigaciones para caracterizar los factores clínicos, sociales, de acceso a la atención y genéticos que podrían explicar las diferencias observadas en pacientes del NOA y el NEA.

Una señal para las políticas públicas

Los investigadores aclaran que los resultados no implican modificar las recomendaciones actuales de tamizaje para la población general. Sin embargo, consideran que constituyen una herramienta valiosa para fortalecer la vigilancia epidemiológica y focalizar las estrategias de prevención allí donde las tendencias muestran un comportamiento desfavorable.

El desafío, sostienen, consiste en evitar que las desigualdades territoriales y etarias limiten las oportunidades de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento oportuno.

Fuente: Agencia CyTA-Leloir

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