lunes 13 de julio de 2026 - Edición Nº2777

PUNTO DE VISTA | 13 jul 2026

Entrevista a Rubén Kowalyszyn -AAOC-

«No hay control del cáncer sin información de calidad»

12:29 |El presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC), Rubén Kowalyszyn, afirma que la vigilancia epidemiológica es la base para diseñar políticas eficaces de control del cáncer y alerta que, sin estrategias que garanticen el acceso equitativo a la prevención, el diagnóstico y los tratamientos, la innovación corre el riesgo de profundizar las desigualdades.


Mientras la oncología incorpora terapias cada vez más precisas y eficaces, el principal desafío para la Argentina sigue siendo garantizar que estos avances lleguen a todas las personas. Para Rubén Kowalyszyn el país enfrenta una paradoja: la ciencia avanza, pero persisten brechas en prevención, diagnóstico, acceso a tratamientos y producción de información epidemiológica. En esta entrevista con Comunicar Salud, advierte sobre la necesidad de fortalecer las políticas de control del cáncer, mejorar los registros y construir un sistema más equitativo y sostenible.

¿Cuál es hoy el principal rol de la Asociación Argentina de Oncología Clínica?

La Asociación Argentina de Oncología Clínica es una sociedad científica y nuestro principal foco de actividad es la formación y la actualización de los oncólogos de todo el país. Lo hacemos a través de congresos, jornadas científicas, cursos y actividades académicas donde compartimos la evidencia más reciente y promovemos el intercambio entre profesionales.

Pero además de la actividad académica buscamos involucrarnos en todo lo relacionado con la política oncológica. Antes teníamos representación dentro del Instituto Nacional del Cáncer y ese espacio desapareció. Hoy tenemos un grupo de trabajo que busca generar posicionamientos desde la oncología argentina sobre las políticas que consideramos necesarias para mejorar el control del cáncer.

¿Qué aporta la presencia federal que tiene la asociación?

Al tener un oncólogo prácticamente en cada provincia conocemos la realidad de cada jurisdicción; no solo los datos epidemiológicos, sino también cómo se atiende a los pacientes, cuáles son las dificultades de acceso y cuáles son las necesidades concretas de cada región. En esta gestión queremos fortalecer alianzas con otras organizaciones y generar una posición común sobre el control del cáncer en la Argentina.

¿Cuáles considera que son hoy las principales prioridades en materia de control del cáncer?

La sociedad debe involucrarse mucho más en el control del cáncer y en la vigilancia epidemiológica porque solo con información de calidad es posible tomar decisiones que abarquen todo el recorrido de la enfermedad, desde la prevención y el diagnóstico temprano hasta el acceso al mejor tratamiento disponible. Siempre decimos que la epidemiología es información para la acción y esa acción debe abarcar desde la prevención primaria y secundaria hasta el tratamiento, el seguimiento y el manejo de la toxicidad.

Hoy sabemos que estamos atravesando una transición epidemiológica porque a medida que aumenta la expectativa de vida también aumenta la incidencia del cáncer. Actualmente tenemos una incidencia de 212,4 casos por cada 100.000 habitantes por año y esa cifra va a seguir creciendo.

La medicina de precisión aparece como uno de los grandes avances de la oncología. ¿Cómo se compatibiliza esa innovación con un sistema que todavía presenta tantas desigualdades?

Lo que más nos preocupa es la inequidad. Tenemos que trabajar para reducirla, no para profundizarla y en este sentido, el avance de la tecnología y de la medicina de precisión va a mejorar las posibilidades de tratamiento y la supervivencia de muchos pacientes, pero al mismo tiempo convivimos con una mayor incidencia del cáncer y con un aumento de la pobreza. Si no logramos que esas innovaciones lleguen de manera equitativa, la brecha en el acceso seguirá creciendo.

Ese no es el escenario que queremos, entonces el desafío es que la innovación contribuya a achicar las desigualdades y no a ampliarlas.

La buena noticia es que cada vez tenemos mejores tratamientos, mejores herramientas diagnósticas y mayores posibilidades de supervivencia. Lo que nos preocupa es que aumente la inequidad en el acceso a esas herramientas.

¿Las desigualdades también dependen del lugar donde vive cada paciente?

Sin duda. No es lo mismo vivir en un gran centro urbano que en una ciudad periférica o en una región alejada. Pero además, la pobreza y el nivel educativo condicionan las oportunidades de prevención, diagnóstico y tratamiento. Puede ocurrir que tengamos dos Argentinas, una en el AMBA y otra en el resto del país. Y aunque los modelos estadísticos intenten corregir esas diferencias, creo que todavía existen enormes desigualdades territoriales que debemos comprender mucho mejor.

Un ejemplo es el cáncer de mama, donde vemos diferencias muy marcadas según el nivel socioeconómico. En las mujeres con mayor nivel educativo es muy poco frecuente encontrar tumores avanzados, en cambio muchas mujeres en situación de vulnerabilidad llegan cuando el tumor ya es palpable porque nunca pudieron acceder a una mamografía.

Otro es el cáncer de próstata, donde aproximadamente la mitad de los pacientes se diagnostica cuando ya presenta metástasis. Y en cáncer de pulmón contamos con tecnología para hacer tamizaje mediante tomografía de baja dosis, pero prácticamente no se utiliza.

Usted recalca la importancia de los registros. ¿Por qué son tan determinantes?

Porque no hay control del cáncer sin buenos registros. Sabemos cuántos casos nuevos aparecen cada año y conocemos la mortalidad, pero sabemos muy poco sobre lo que ocurre entre el diagnóstico y el tratamiento.

El Registro Institucional de Tumores de Argentina reunió alrededor de 70.000 casos en diez años, cuando en el país se diagnostican más de 130.000 casos nuevos cada año y esos es una muestra de la enorme debilidad que tenemos para conocer qué sucede realmente con los pacientes. Si no sabemos cuánto tarda un paciente en ser diagnosticado, cuándo inicia el tratamiento o cuál fue su evolución, es muy difícil diseñar políticas públicas eficaces.

¿Dónde observa hoy las mayores falencias en prevención?

Las coberturas de vacunación contra el HPV apenas superan el 50 %, cuando deberían alcanzar al menos el 70 % para interrumpir la circulación del virus. La vacuna forma parte del Calendario Nacional desde hace muchos años y, sin embargo, todavía no logramos el impacto esperado. También necesitamos campañas públicas sostenidas y recursos para que las provincias puedan desarrollar sus propias estrategias.

Los grandes problemas hoy son invisibles y son los chicos que no se vacunan contra el HPV, las mujeres que no llegan a hacerse una mamografía, los pacientes jóvenes que desarrollan un cáncer colorrectal y nunca imaginaron que podía aparecer antes de los 50 años.

Tenemos tecnologías extraordinarias, pero todavía no logramos implementar de manera efectiva programas de prevención que sabemos que funcionan.

¿Qué rol asume la AAOC frente a este escenario?

Como oncólogos tenemos la responsabilidad de transmitir este mensaje a quienes toman las decisiones, por eso queremos poner a disposición de los gobiernos el conocimiento de nuestros especialistas para asesorar el diseño de políticas de control del cáncer.

En este sentido, estamos elaborando una serie de documentos de posicionamiento sobre equidad, acceso y control del cáncer que esperamos compartir con todos los espacios políticos. Nuestro objetivo es aportar evidencia para que las decisiones ayuden a reducir las brechas de acceso, porque sabemos quel éxito no será solamente incorporar más tecnología, sino lograr que esa tecnología llegue a todos los pacientes. Solo así la innovación podrá convertirse en una herramienta para reducir las desigualdades y no para profundizarlas.

 

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