Durante décadas, buena parte de la planificación sanitaria en Argentina estuvo orientada a responder a una población más joven, con mayor cantidad de nacimientos y un perfil epidemiológico dominado por enfermedades agudas e infecciosas. Ese escenario cambió y hoy el país atraviesa una transformación demográfica que redefine la demanda de atención, modifica la carga de enfermedad y obliga a repensar la organización de los servicios de salud.
La caída sostenida de la fecundidad, el aumento de la esperanza de vida y el crecimiento de la población mayor de 65 años son procesos en marcha que impactan sobre el financiamiento, los recursos humanos, la infraestructura sanitaria y los sistemas de cuidados. A ello se suma una realidad heterogénea: mientras algunas provincias presentan poblaciones cada vez más envejecidas, otras conservan estructuras demográficas más jóvenes, aunque con mayores niveles de vulnerabilidad social y sanitaria.
Ese es el punto de partida del Análisis de Situación de la Población con foco en salud (ASP) – Argentina 2026, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) junto con el Ministerio de Salud de la Nación y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El documento propone incorporar la dinámica poblacional como una herramienta para planificar políticas sanitarias y anticipar cómo cambiarán las necesidades del sistema de salud en los próximos años.
El trabajo es una radiografía del ecosistema sanitario argentino que integra información sobre la evolución de la población, los perfiles epidemiológicos, la cobertura de salud, las desigualdades territoriales, la utilización de los servicios y la sostenibilidad del sistema. También analiza dimensiones que cobrarán importancia en los próximos años, como la salud materna y de la primera infancia, la atención de adolescentes, la expansión de las enfermedades crónicas, las brechas de acceso, los cuidados de largo plazo y los desafíos asociados al financiamiento sanitario.
Una realidad atraviesa el documento: el sistema de salud deberá adaptarse a una población diferente de aquella para la que fue concebido.
El futuro llegó
Para Mariana Isasi, jefa de Oficina de UNFPA en Argentina, uno de los principales aportes del informe es desplazar la discusión desde el diagnóstico hacia la planificación.
“Este Análisis de Situación de la Población demuestra que las demandas de la sociedad han cambiado sustancialmente y que el sistema sanitario debe fortalecer sus capacidades de gestión adaptándose a estas nuevas realidades” afirmó y destacó además que se trata de la primera vez que la metodología de análisis poblacional desarrollada por UNFPA a nivel regional y global se aplica específicamente al sector salud, con el propósito de transformar la evidencia demográfica en insumos para la toma de decisiones.
“El objetivo no fue solamente producir información, sino generar evidencia que sirva para orientar las decisiones de política pública”, explicó a la vez que señaló que la transición demográfica no debería abordarse desde una perspectiva alarmista: “Desde UNFPA promovemos una mirada de resiliencia demográfica. Se trata de pensar cómo las sociedades pueden adaptarse inteligentemente a los cambios que ya están ocurriendo y prepararse para ellos”.
En esa línea, Isasi subrayó que el envejecimiento poblacional, la baja de la fecundidad y las nuevas demandas de cuidados no constituyen un escenario hipotético sino que “estos cambios ya están ocurriendo. Ya los vemos en las escuelas, en los sistemas de salud y en distintos ámbitos de la sociedad. La pregunta es cómo nos adaptamos a esa nueva realidad”.
Y resaltó también un dato para pensar hacia dónde vamos: la mayoría de los jóvenes quiere tener hijos, pero enfrenta barreras para hacerlo, según los resultados de una encuesta que revela que el deseo de maternar y paternar se mantiene, pero muchos jóvenes no logran concretarlo por obstáculos económicos, laborales, habitacionales y sociales. Para el organismo, este dato invita a evitar lecturas alarmistas sobre la baja fecundidad y a pensar políticas públicas que acompañen los proyectos de vida de las nuevas generaciones.
Menos nacimientos, más personas mayores
Los datos del ASP muestran la velocidad del cambio. En 2023 la tasa global de fecundidad cayó a 1,33 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1 hijos por mujer), mientras aumenta la esperanza de vida al nacer, que alcanzó los 77,8 años y continuará creciendo en las próximas décadas. Además, el envejecimiento poblacional se acelera:
las personas de 65 años y más representan cerca del 12% de la población, y las proyecciones indican que hacia 2040 alcanzarán aproximadamente el 16,4%, mientras disminuye la proporción de niños y adolescentes. Como consecuencia hacia mediados de la próxima década, comenzará a agotarse el denominado bono demográfico: el período en el que predominan las personas en edad de trabajar sobre la población dependiente.
Para Anabel Fernández Prieto, especialista en Monitoreo y Evaluación de UNFPA el cambio demográfico ya puede medirse con suficiente precisión como para anticipar respuestas.
“Hoy tenemos dos fenómenos que están modificando profundamente la estructura poblacional. Por un lado, una fuerte disminución de la fecundidad. Por otro, un incremento sostenido de la esperanza de vida. Estos procesos transforman la pirámide poblacional y obligan a pensar cuáles serán las necesidades que deberá atender el sistema de salud dentro de veinte años”, dijo y explicó que el envejecimiento no ocurre con la misma intensidad en todo el país y que existen diferencias importantes entre provincias, tanto en la estructura por edades como en la esperanza de vida.”
“Hoy existen diferencias de hasta seis años en la esperanza de vida según el lugar donde nace una persona. Esas diferencias reflejan las condiciones de vida, el acceso a la salud y otros determinantes sociales que también condicionan cómo se envejece” señaló Fernández Prieto y remarcó que una de las principales preguntas para los sistemas sanitarios es si esos años adicionales de vida estarán acompañados por una mejor salud o por una mayor carga de enfermedad: “Podemos vivir más años porque las enfermedades aparecen cada vez más tarde, o podemos vivir más tiempo, pero con una mayor carga de enfermedad y necesidad de cuidados. Esa diferencia es clave para pensar el sistema de salud”.
Del diagnóstico a la planificación
Durante la presentación del informe, el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, definió el ASP como el inicio de un cambio en la forma de planificar las políticas sanitarias y dijo: “Este documento no es un punto de llegada. Es el comienzo de una nueva manera de planificar la salud: con datos, con evidencia y pensando en el mediano y largo plazo”. Además, apuntó que la transición demográfica no es exclusiva de Argentina, sino un fenómeno global que ya impacta sobre hospitales, centros de salud y servicios asistenciales y sostuvo: “Vivimos más años y nacen menos niños. Eso significa que habrá cada vez más personas mayores que necesitarán cuidados prolongados, prevención de enfermedades crónicas y un sistema preparado para acompañarlas durante más tiempo”.
Finalmente, Lugones destacó que la respuesta no puede ser uniforme para todo el país y que son las jurisdicciones las que deberán actuar y replicar el informe: “Las provincias conocen mejor que nadie la realidad de su población. Nuestro rol es aportar evidencia científica, herramientas técnicas y sistemas de información para que cada jurisdicción pueda tomar mejores decisiones según sus propias necesidades”.
El informe coincide en que las diferencias demográficas, epidemiológicas y sociales entre regiones hacen inviable un modelo único de planificación y obligan a fortalecer la capacidad de respuesta local mediante información integrada, análisis territorial y políticas adaptadas a cada contexto.
Un sistema que enfrenta una doble transición
El cambio demográfico no llega solo porque el país atraviesa una transición epidemiológica que modifica el tipo de enfermedades que debe atender el sistema sanitario. Mientras las patologías infecciosas siguen presentes y en algunos casos reaparecen, como lo demuestran los brotes recientes de sarampión o el incremento de casos de dengue, las enfermedades crónicas no transmisibles concentran una proporción cada vez mayor de la carga de enfermedad y de la utilización de los servicios de salud.
Las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, las enfermedades respiratorias crónicas y los trastornos de salud mental representan hoy buena parte de las consultas, las internaciones y el gasto sanitario. Al mismo tiempo, el aumento de la expectativa de vida implica que cada vez más personas convivirán durante años con múltiples enfermedades y requerirán cuidados continuos, rehabilitación y seguimiento prolongado.
El informe advierte que esta nueva realidad obliga a reorganizar el sistema, no sólo para responder a un mayor número de personas mayores, sino también para atender necesidades asistenciales más complejas y sostenidas en el tiempo.
En este sentido, uno de los desafíos más relevantes es el de los recursos humanos. El documento advierte que el envejecimiento poblacional exigirá nuevos perfiles profesionales, una mayor disponibilidad de especialistas en geriatría y gerontología, equipos interdisciplinarios preparados para atender la multimorbilidad y un desarrollo mucho más amplio de los sistemas de cuidados de largo plazo.
Los cuidados, una deuda pendiente
El informe dedica un capítulo específico al crecimiento de la demanda de cuidados, una dimensión que hasta hace pocos años ocupaba un lugar marginal en la planificación sanitaria y que hoy aparece como uno de los principales desafíos de las políticas públicas.
Para Fernández Prieto, el envejecimiento no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de la enfermedad. "Los sistemas de cuidados van a ocupar un lugar cada vez más importante. No sólo habrá que fortalecer los cuidados para la infancia, sino también desarrollar sistemas de cuidados para las personas mayores, profesionalizar esas tareas y planificar una oferta acorde con una población que envejece."
Desde el Banco Interamericano de Desarrollo, Mario Sánchez explicó que esa preocupación también forma parte de las prioridades regionales del organismo. "El cuidado de las personas mayores se ha convertido en una prioridad. Desde el BID estamos impulsando iniciativas específicas porque el envejecimiento poblacional exige desarrollar sistemas de cuidados cada vez más sólidos y sostenibles" dijo y destacó que disponer de información desagregada permitirá reorganizar con mayor eficiencia la oferta sanitaria: “Contar con información a nivel local permite comprender realidades muy diferentes y organizar los servicios de acuerdo con las necesidades de cada comunidad."
Una mirada que abarca todo el curso de vida
Aunque el envejecimiento ocupa un lugar central en el informe, los especialistas insistieron en que adaptar el sistema sanitario no significa concentrar todos los recursos en las personas mayores.
Luego de la presentación del ASP se desarrolló un panel de intercambio sobre las transformaciones que demandará el sistema de salud, del que participaron Rafael Ramírez Mesec, representante de UNICEF en Argentina y coordinador residente ad interim del Sistema de las Naciones Unidas; Esteban Leguizamo, director ejecutivo del PAMI; Gabriela Agosto, decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación de la Universidad del Salvador; y Eduardo Soria, de la Dirección de Juventudes y de la Persona Adulta Mayor del Ministerio de Salud. La actividad fue moderada por Alejandro Sonis, director nacional de Economía de la Salud.
Uno de los mensajes fue que la transición demográfica debe abordarse desde una perspectiva de curso de vida y en este sentido, Ramírez Mesec advirtió que la disminución de la natalidad no debería interpretarse como una razón para reducir la inversión destinada a la infancia.
"Al contrario, representa una oportunidad para invertir más por cada niño y mejorar la calidad de las políticas públicas” dijo el representante de UNICEF, quien recordó además que todavía persisten importantes desafíos en salud materna e infantil: "Dos de cada tres madres no realizan la secuencia completa de controles prenatales. Eso muestra que todavía hay mucho por hacer para fortalecer el sistema de salud."
Una hoja de ruta para adaptar el sistema
Además de ofrecer un diagnóstico, el ASP propone una agenda concreta de transformación para que el sistema sanitario pueda responder a la nueva realidad demográfica.
Las recomendaciones se organizan en dos grandes ejes. El primero apunta a fortalecer la resiliencia del sistema de salud frente a las transformaciones poblacionales y entre otras medidas, propone consolidar el primer nivel de atención como eje articulador de la red sanitaria; reorientar progresivamente el financiamiento hacia la promoción de la salud, la prevención y la continuidad de los cuidados; adecuar la formación y distribución de los recursos humanos a las nuevas demandas epidemiológicas; fortalecer los sistemas de información, los registros y la interoperabilidad; y desarrollar respuestas sostenibles para los cuidados de largo plazo.
El segundo eje incorpora una perspectiva de curso de vida. El documento sostiene que las condiciones con las que una persona llega a la vejez comienzan a construirse desde mucho antes y plantea intervenir tempranamente para evitar la acumulación de desigualdades. En esa línea, recomienda fortalecer la salud materna, la primera infancia y la niñez; promover el bienestar integral de adolescentes y jóvenes; prevenir factores de riesgo durante la adultez; y favorecer un envejecimiento saludable, con mayor autonomía, funcionalidad y calidad de vida.
Alejandro Sonis resumió esa lógica desde la perspectiva de la economía de la salud y sostuvo que "el desafío no es solamente cuánto costará atender a una población que vive más y envejece. También debemos preguntarnos cómo, cuándo y dónde utilizar los recursos para producir más salud, preservar la autonomía y reducir las desigualdades."
"La sostenibilidad no depende solamente del nivel de gasto. Depende de cómo organizamos la atención, cuándo interviene el sistema, qué prestaciones financiamos y qué resultados obtenemos" añadió y concluyó que "se trata de invertir antes para no pagar después. La demografía siempre gana, pero el resultado no está escrito de antemano, depende de nuestra capacidad para comprender lo que está ocurriendo, anticiparnos y empezar a tomar decisiones".