Tres años después del fin de la emergencia sanitaria global, el COVID-19 continúa circulando y mantiene la recomendación de vacunación anual para los grupos de mayor riesgo. Sin embargo, sostener esa estrategia enfrenta hoy un desafío que trasciende la disponibilidad de dosis: la pérdida de confianza de parte de la población y las dificultades de los sistemas de salud para sostener campañas eficientes y costo-efectivas.
En ese escenario, la incorporación de ARVAC, la vacuna desarrollada por el Laboratorio Cassará junto con un consorcio público-privado argentino, al Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) representa un paso relevante para el abastecimiento regional. El mecanismo de compras de la OPS permite a los países de América Latina y el Caribe acceder a vacunas mediante adquisiciones conjuntas, favoreciendo mejores condiciones de precio y disponibilidad.
La incorporación llega en un contexto de incremento del gasto sanitario, especialmente por el aumento del costo de los medicamentos, y pone sobre la mesa un debate que gana espacio en la agenda sanitaria: cómo diseñar estrategias de vacunación sostenibles para una enfermedad que ya no se maneja bajo criterios de emergencia.
El desafío es la implementación
Una de las principales diferencias que plantea ARVAC respecto de las vacunas de ARN mensajero utilizadas durante la pandemia no está solamente en su tecnología, sino en sus características operativas.
La vacuna argentina se presenta en formato monodosis, una modalidad que permite reducir el desperdicio de vacunas asociado a los frascos multidosis, especialmente cuando la demanda diaria es baja.
También puede conservarse entre 2°C y 8°C, sin requerir ultrafreezers ni cadenas de frío especiales, una ventaja logística para la distribución en regiones alejadas de los grandes centros urbanos y para vacunatorios con infraestructura limitada.
A esto se suma una vida útil de 24 meses, superior a la estabilidad que presentan las vacunas de ARN una vez retiradas de temperaturas ultrabajas, lo que facilita la planificación de campañas durante todo el año y reduce el riesgo de pérdidas por vencimiento.
Además, se comercializa en formato líquido listo para aplicar, sin necesidad de descongelamiento o reconstitución, y con etiquetado y prospecto en español, incluyendo la fecha de vencimiento en formato local.
Tecnología conocida para una nueva etapa
ARVAC utiliza una plataforma de proteínas recombinantes, una tecnología ampliamente utilizada desde hace décadas en vacunas como la de hepatitis B.
A diferencia de las vacunas de ARN, este tipo de inmunización no incorpora material genético viral, sino una proteína purificada diseñada para inducir la respuesta inmune.
De este modo, la plataforma presenta una menor reactogenicidad -es decir, una menor frecuencia de efectos adversos transitorios como fiebre, cefalea, fatiga o dolores musculares-, una característica clave para mejorar la aceptación de los refuerzos anuales.
Los datos difundidos por el laboratorio muestran una marcada diferencia en la frecuencia de reacciones sistémicas respecto de las vacunas de ARN utilizadas durante la pandemia. Mientras en estas últimas la fatiga alcanzó al 70% de los vacunados, la cefalea al 65% y las mialgias al 45%, en ARVAC esos eventos descendieron al 12%, 12% y 6%, respectivamente. La fiebre, por ejemplo, pasó del 17% al 1,5%.
Estas diferencias podrían contribuir a disminuir una de las principales barreras para la vacunación de refuerzo: la expectativa de efectos adversos luego de la aplicación.
Evidencia clínica
Según los estudios clínicos de fases II y III presentados para su aprobación regulatoria, más del 90% de las personas vacunadas con ARVAC desarrolló seroconversión con altos títulos de anticuerpos neutralizantes frente a variantes circulantes del SARS-CoV-2.
En adultos mayores de 60 años, alrededor del 90% alcanzó niveles de anticuerpos superiores a 1030 UI/ml, un valor que se asocia con una protección estimada del 90% frente a enfermedad sintomática. Resultados similares se observaron en personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales y diabetes.
Desde su autorización por la ANMAT en 2023, el laboratorio afirma que no se registraron eventos adversos graves relacionados con la vacuna.
Una vacuna pensada para la etapa pospandemia
El desarrollo de ARVAC comenzó en plena pandemia mediante un consorcio integrado por más de 500 profesionales de 20 instituciones públicas y privadas. Tras completar los estudios preclínicos y clínicos, obtuvo el registro definitivo de la ANMAT a fines de 2023, sin recurrir a una autorización de uso de emergencia.
Su incorporación al Fondo Rotatorio de la OPS abre ahora la posibilidad de que la vacuna pueda ser adquirida por distintos países de la región.
Más allá de la innovación tecnológica, el desafío es demostrar que es posible sostener campañas de vacunación con herramientas adaptadas a una etapa epidemiológica diferente, en la que la logística, el costo, la aceptación social y la confianza de la población son tan determinantes como la eficacia clínica.
Con el COVID-19 convertido en un virus de circulación permanente, similar a otros virus respiratorios estacionales, el objetivo es lograr que las personas vuelvan a elegir vacunarse. En ese escenario, la incorporación de ARVAC al Fondo Rotatorio de la OPS busca aportar una alternativa regional con foco en tres ejes: confianza, acceso y sustentabilidad.