miércoles 05 de agosto de 2026 - Edición Nº2800

PREVENCIÓN & PROMOCIÓN | 4 ago 2026

Menos también puede ser mejor: por qué la deprescripción gana lugar en la medicina moderna

Retirar medicamentos innecesarios no significa abandonar tratamientos, en muchos casos es un primer paso para prevenir daños. Por qué la buena práctica clínica también implica saber cuándo dejar de prescribir.


Durante décadas el principal desafío de la medicina fue desarrollar tratamientos capaces de controlar enfermedades que antes resultaban mortales. Hoy la disponibilidad de medicamentos eficaces nunca fue tan amplia, pero tampoco lo fueron los riesgos derivados de su uso excesivo o inapropiado.

Un editorial publicado en la Revista Clínica de Medicina de Familia propone volver a la pregunta: ¿todos los medicamentos que recibe un paciente siguen siendo necesarios?

El trabajo, titulado "Uso racional de fármacos como buena práctica clínica. Deprescribir como actividad de prevención cuaternaria", sostiene que la prescripción no debería ser un acto automático, sino el resultado de un razonamiento clínico que combine evidencia científica, juicio profesional y las preferencias del paciente.

Cuando más no significa mejor

El envejecimiento poblacional, el aumento de las enfermedades crónicas y la participación de múltiples especialistas en la atención de una misma persona convirtieron a la polifarmacia en una realidad cotidiana.

Y aunque no toda polifarmacia es inapropiada, la acumulación de medicamentos incrementa el riesgo de reacciones adversas, interacciones farmacológicas, caídas, hospitalizaciones evitables, deterioro funcional y problemas de adherencia a los tratamientos. Los autores consideran que esta situación constituye hoy un problema de salud pública.

Frente a este escenario, recuerdan la definición de la Organización Mundial de la Salud sobre uso racional de medicamentos: cada persona debe recibir el fármaco adecuado para su necesidad clínica, en la dosis correcta, durante el tiempo necesario y con el menor costo posible para el paciente y la comunidad.

Deprescribir: una intervención para evitar daño

Uno de los conceptos centrales del trabajo es la deprescripción, entendida como un proceso sistemático para identificar y retirar medicamentos cuyo balance entre beneficios y riesgos dejó de ser favorable o cuya indicación ya no existe. Los autores aclaran que no implica suspender tratamientos útiles ni abandonar al paciente, sino optimizar la calidad de vida y reducir los daños asociados a la medicación innecesaria.

La evidencia disponible, agregan, muestra que deprescribir no incrementa la mortalidad ni deteriora la calidad de vida. Por el contrario, puede reducir caídas, mejorar la funcionalidad y favorecer una mejor relación entre el profesional y el paciente, especialmente en personas frágiles, polimedicadas o con expectativa de vida limitada.

Atención Primaria, un rol estratégico

El artículo ubica a la Atención Primaria como el ámbito privilegiado para revisar tratamientos, ya que concentra la mayor parte de las prescripciones y permite una visión integral del paciente.

Desde ese nivel asistencial es posible coordinar indicaciones realizadas por distintos especialistas, detectar duplicidades, evaluar riesgos y redefinir objetivos terapéuticos según la situación clínica y las prioridades de cada persona. Para los autores, el uso racional de medicamentos, el análisis de la polifarmacia y la deprescripción forman parte de un mismo proceso de atención.

Entre las estrategias recomendadas figuran la conciliación terapéutica, la revisión periódica de la medicación y la toma de decisiones compartidas con los pacientes.

El riesgo de la "cascada terapéutica"

Otro fenómeno analizado es la denominada cascada terapéutica, que ocurre cuando un efecto adverso provocado por un medicamento se interpreta como una nueva enfermedad y termina siendo tratado con otro fármaco.

Esta dinámica puede multiplicar la polifarmacia y aumentar el riesgo de eventos adversos. Por eso, los autores sostienen que ante cualquier síntoma nuevo debería considerarse siempre la posibilidad de que se trate de una reacción adversa medicamentosa antes de agregar un nuevo tratamiento.

La publicación reconoce que deprescribir no siempre resulta sencillo. La falta de tiempo en la consulta, la inercia terapéutica, el temor a descompensaciones y la escasa comunicación entre distintos niveles asistenciales siguen siendo obstáculos frecuentes.

Aun así, plantea que retirar medicamentos innecesarios constituye un acto ético y una forma avanzada de prevención cuaternaria, orientada a evitar intervenciones que puedan causar más daño que beneficio.

Los autores concluyen que el desafío consiste en utilizar los tratamientos con mayor criterio; y que el futuro de una atención segura, eficiente y centrada en las personas dependerá tanto de saber qué medicamento indicar como de reconocer el momento adecuado para retirarlo.

Fuente: Esteban-Jiménez O. y colaboradores. Uso racional de fármacos como buena práctica clínica. Deprescribir como actividad de prevención cuaternaria. Revista Clínica de Medicina de Familia, Vol. 19, Nº 2, 2026.

 

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