jueves 23 de julio de 2026 - Edición Nº2787

INVESTIGACIÓN + TRATAMIENTO | 23 jul 2026

Artritis psoriásica: ANMAT aprobó una nueva terapia oral y amplía las opciones para una enfermedad con alto impacto funcional

17:50 |La autorización incorpora una nueva clase de tratamiento dirigida a la proteína TYK2 para adultos con artritis psoriásica activa, una enfermedad inflamatoria de la piel. En Argentina alrededor de 800.000 personas viven esta patología y se estima que entre el 10% y el 30% desarrollará artritis psoriásica a lo largo de su vida.


La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó una nueva terapia oral para el tratamiento de adultos con artritis psoriásica activa, una enfermedad inflamatoria crónica que afecta las articulaciones y que, sin un abordaje oportuno, puede ocasionar daño estructural irreversible, discapacidad y un importante deterioro de la calidad de vida.

La decisión incorpora al arsenal terapéutico una nueva clase de pequeñas moléculas que actúan de manera selectiva sobre la tirosina quinasa 2 (TYK2), una vía implicada en la respuesta inflamatoria. A diferencia de otros tratamientos sistémicos utilizados para esta enfermedad, la nueva alternativa se administra por vía oral.

La aprobación representa un avance en un escenario en el que el manejo de la artritis psoriásica continúa siendo un desafío. Aunque existen múltiples opciones terapéuticas, los especialistas coinciden en que uno de los principales problemas sigue siendo el diagnóstico precoz, ya que el retraso en el inicio del tratamiento puede traducirse en un daño articular permanente.

La artritis psoriásica es una enfermedad autoinmune e inflamatoria que puede comprometer las articulaciones periféricas, la columna vertebral y las entesis, es decir, las zonas donde tendones y ligamentos se insertan en el hueso. Sus manifestaciones incluyen dolor, rigidez, inflamación, fatiga y limitaciones funcionales que afectan las actividades cotidianas.

En Argentina se estima que alrededor de 800.000 personas viven con psoriasis, una enfermedad inflamatoria de la piel. Entre el 10% y el 30% desarrollará artritis psoriásica a lo largo de su vida.

En la mayoría de los casos, las manifestaciones articulares aparecen entre siete y diez años después del diagnóstico de psoriasis. Sin embargo, en un porcentaje de pacientes pueden presentarse simultáneamente o incluso preceder a las lesiones cutáneas, lo que dificulta el reconocimiento temprano de la enfermedad.

Diversos estudios muestran que hasta la mitad de los pacientes puede presentar erosiones articulares durante los primeros dos años si la enfermedad permanece activa y sin tratamiento adecuado. Por ese motivo, las guías internacionales destacan la estrategia de "tratar hacia un objetivo" (treat to target), que busca controlar rápidamente la inflamación para prevenir daño irreversible y preservar la función física.

Más allá de las articulaciones

La artritis psoriásica no se limita al compromiso musculoesquelético. La inflamación sistémica aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, síndrome metabólico y enfermedad hepática grasa. Además, la carga emocional de convivir con dolor crónico y limitaciones funcionales hace que la depresión y la ansiedad sean más frecuentes que en la población general.

Esta complejidad explica por qué las recomendaciones actuales promueven un abordaje multidisciplinario que involucre reumatólogos, dermatólogos, médicos clínicos, kinesiólogos y profesionales de salud mental.

La coexistencia de psoriasis y artritis también plantea desafíos diagnósticos. Distintas investigaciones estiman que una proporción significativa de personas con psoriasis presenta compromiso articular no diagnosticado, motivo por el cual las sociedades científicas recomiendan realizar un tamizaje periódico en estos pacientes.

Una nueva vía terapéutica

La terapia aprobada pertenece a una nueva generación de pequeñas moléculas que inhiben selectivamente la proteína TYK2, integrante de la familia de las quinasas Janus (JAK), aunque con un mecanismo de acción diferente al de los inhibidores JAK tradicionales.

TYK2 participa en la señalización de citocinas como la interleuquina 23 (IL-23), la interleuquina 12 (IL-12) y el interferón tipo I, mediadores centrales en la inflamación característica de enfermedades inmunomediadas como la psoriasis y la artritis psoriásica.

Al actuar de forma más específica sobre esta vía, el objetivo es modular la respuesta inflamatoria preservando otros mecanismos inmunológicos.

La evidencia detrás de la aprobación

La autorización de ANMAT se sustentó en dos ensayos clínicos internacionales de fase III, aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo, que incluyeron aproximadamente 1.400 adultos con artritis psoriásica activa.

Los estudios evaluaron la capacidad del tratamiento para mejorar los signos y síntomas de la enfermedad, la función física y distintas manifestaciones articulares y cutáneas. Sus resultados fueron presentados durante los congresos de la American Academy of Dermatology (AAD) y de la European Alliance of Associations for Rheumatology (EULAR), dos de los principales encuentros científicos internacionales en dermatología y reumatología.

La molécula ya contaba con autorización en Argentina para el tratamiento de la psoriasis en placas de moderada a severa en pacientes candidatos a terapia sistémica o fototerapia. Con esta nueva indicación, amplía su utilización hacia otra enfermedad inflamatoria inmunomediada estrechamente vinculada con la psoriasis.

«La artritis psoriásica puede afectar de manera significativa la vida cotidiana de las personas, no solo por el dolor y la inflamación, sino también por el impacto funcional y emocional que genera. Contar con nuevas alternativas terapéuticas ofrece opciones adicionales que pueden adaptarse a las necesidades individuales de cada paciente», señaló Tamara Rudy (MN 113.838), directora médica para Argentina y Chile de Bristol Myers Squibb.

Más allá de la incorporación de nuevas terapias el desafío continúa siendo identificar la enfermedad en forma temprana y garantizar un acceso oportuno a tratamientos eficaces, con el objetivo de evitar la progresión del daño articular y mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta patología.

 

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