La enfermedad de Sjögren es una afección autoinmune crónica en la que el sistema inmunológico ataca principalmente las glándulas encargadas de producir lágrimas y saliva. Como consecuencia, aparecen sus manifestaciones más conocidas: la sequedad ocular y la sequedad bucal. Sin embargo, los especialistas advierten que el cuadro puede ir mucho más allá y comprometer distintos órganos y sistemas del organismo.
Además de la sensación de arena en los ojos, ardor o picazón, la enfermedad puede provocar dificultades para hablar, masticar o tragar, caries recurrentes, inflamación de las encías, cansancio, dolor e inflamación articular, tos seca, lesiones en la piel y sequedad vaginal. También puede presentarse junto con otras enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide o el lupus.
«El Sjögren es una enfermedad autoinmune: el sistema inmunológico deja de reconocer como propias ciertas estructuras del organismo y las ataca, generando inflamación. En esta enfermedad, el ataque se dirige principalmente a las glándulas exocrinas, entre ellas las glándulas salivales y lagrimales. Por eso, sus síntomas más reconocidos son la sequedad bucal y ocular», explica la Dra. Ana Lizarraga, médica reumatóloga (MN 140534), integrante del equipo del Dr. Eduardo Mysler, fundador de Organización Médica de Investigación (OMI). «Sin embargo, puede presentar manifestaciones extraglandulares y comprometer articulaciones, pulmones, riñones y otras partes del organismo», agrega.
Aunque puede aparecer a cualquier edad, el diagnóstico es más frecuente después de los 40 años y nueve de cada diez personas afectadas son mujeres.
Un diagnóstico que suele demorarse
Uno de los principales desafíos de esta enfermedad es que sus manifestaciones no siempre aparecen al mismo tiempo. Un paciente puede consultar inicialmente a un oftalmólogo por ojo seco, a un odontólogo por problemas bucales o a un reumatólogo por dolores articulares, sin que en un primer momento se establezca la relación entre todos los síntomas.
Como consecuencia, el tiempo promedio entre el inicio de las manifestaciones y el diagnóstico ronda los tres años.
«El diagnóstico requiere escuchar los síntomas del paciente y, al mismo tiempo, constatar objetivamente la sequedad ocular y bucal. La evaluación puede incluir pruebas oftalmológicas, análisis de sangre, biopsia de glándula salival menor y ecografía de las glándulas salivales. La interpretación debe integrar la clínica, los estudios y la experiencia del especialista», señala Lizarraga.
En ese proceso, el trabajo interdisciplinario resulta fundamental. «El diagnóstico es siempre en equipo. Los especialistas tienen que trabajar de manera fluida y compartir la evolución y las sospechas diagnósticas», afirma el Dr. Franco Pakoslawski, médico oftalmólogo (MN 113535).
Mucho más que ojos y boca secos
Las consecuencias de la enfermedad pueden afectar significativamente la vida cotidiana.
Desde la odontología, la Dra. Jacqueline Melamed (MN 28078) explica que «la sequedad bucal puede describirse como la sensación de masticar algodón y puede generar dificultades para tragar, hablar y comer, además de caries recurrentes aun cuando la persona se cepille regularmente». Por eso, remarca que «en pacientes con Sjögren, los controles odontológicos pueden necesitar una frecuencia mayor debido a las consecuencias de la falta de saliva».
En tanto, Pakoslawski advierte que el compromiso ocular trasciende la simple incomodidad. «El Sjögren produce un ataque autoinmune sobre las glándulas encargadas de generar humedad, especialmente las glándulas lagrimales. La inflamación reduce la cantidad de lágrima producida y puede alterar también su calidad».
El especialista añade que «el ojo seco no es solamente una molestia o una sensación de arenilla: puede limitar numerosas actividades cotidianas. Puede dificultar la lectura, el trabajo frente a una computadora, el uso del celular y otras tareas que requieren concentración. También puede afectar la conducción, especialmente de noche, la actividad al aire libre y la tolerancia al viento o al aire acondicionado. La sequedad y el dolor al despertar pueden alterar el sueño y el descanso. Además, la incomodidad sostenida puede repercutir en el ánimo, el rendimiento laboral y la vida social en general».
Nuevas investigaciones
Actualmente no existe una cura para la enfermedad de Sjögren, pero sí tratamientos orientados a aliviar los síntomas, prevenir complicaciones y controlar las manifestaciones sistémicas.
«No existe un único tratamiento que cure la enfermedad en todos los pacientes. El abordaje se adapta a aquello que afecta a cada persona», explica Lizarraga. Además, destaca que «el Sjögren fue durante mucho tiempo una enfermedad relegada en materia de investigación, pero actualmente existen nuevos estudios y medicamentos en evaluación».
Los especialistas coinciden en que el tratamiento debe complementarse con medidas cotidianas, como mantener una adecuada hidratación, realizar controles periódicos, respetar los tiempos de descanso y sostener hábitos saludables.
«Es una enfermedad crónica, pero muy manejable. Con hábitos adecuados y seguimiento conjunto, la gran mayoría de las personas puede mantener una buena calidad de vida», concluye Pakoslawski.
Desde la Asociación Civil Argentina de Personas con Enfermedades Reumáticas (ACAPER) sostienen que mejorar el conocimiento sobre esta enfermedad también puede contribuir a acortar los tiempos de diagnóstico. «Este tipo de iniciativas contribuyen a instalar el tema, acercar información confiable y reforzar la necesidad de un abordaje interdisciplinario», afirma su presidenta, Mariana Cambiasso. Y concluye: «Acompañar es recordar que un diagnóstico no es una sentencia, sino el punto de partida para reconstruir el bienestar y hacer visible la fuerza de cada persona».