Mientras la resistencia a los antimicrobianos avanza y amenaza con convertirse en una de las principales causas de muerte en las próximas décadas, el acceso a los antibióticos de reserva —-os medicamentos de última línea utilizados cuando los tratamientos convencionales ya no funcionan- continúa siendo insuficiente en América Latina y el Caribe.
Así lo señala la revisión "Access to reserve antibiotics in Latin America and the Caribbean: status, challenges and future perspectives", elaborada por especialistas de la Global Antibiotic Research & Development Partnership (GARDP), INVERA, el Hospital San Martín de La Plata, el Hospital Universitario Austral y el Hospital Italiano de Buenos Aires, que analiza las principales barreras que impiden que estos medicamentos lleguen oportunamente a los pacientes que los necesitan.
Los antibióticos de reserva forman parte de la clasificación AWaRe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y están destinados al tratamiento de infecciones provocadas por bacterias multirresistentes, cuando las demás opciones terapéuticas han fracasado. Sin embargo, el estudio concluye que su disponibilidad en la región sigue siendo limitada y poco documentada.
Una amenaza en crecimiento
El trabajo recuerda que la resistencia antimicrobiana ya representa un problema sanitario de gran magnitud. En América Latina y el Caribe fue responsable directa de unas 81.000 muertes en 2021 y estuvo asociada a otras 240.000. De mantenerse la tendencia actual, hacia 2050 las muertes vinculadas a este fenómeno podrían acercarse a 650.000 en la región.
Los autores advierten que, pese al aumento de bacterias resistentes a carbapenémicos -uno de los grupos de antibióticos más importantes para infecciones graves-, muchos médicos continúan dependiendo de fármacos más antiguos y con mayor toxicidad debido a que los nuevos antibióticos de reserva no están disponibles.
Barreras que se acumulan
La revisión identifica un conjunto de obstáculos que se potencian entre sí y retrasan el acceso a estos medicamentos.
Entre ellos se destacan:
El resultado es un acceso tardío e inequitativo, donde los hospitales públicos enfrentan muchas más dificultades para disponer de estos tratamientos que los establecimientos privados.
Según el análisis, incluso cuando un antibiótico obtiene la aprobación regulatoria pueden transcurrir entre 59 y 83 meses hasta que efectivamente esté disponible para los pacientes, dependiendo del país y del sistema de cobertura.
Argentina, entre los ejemplos de la región
El trabajo utiliza varios casos argentinos para ilustrar la problemática.
Uno de ellos muestra que en 2024 apenas el 60% de las instituciones públicas disponía de ceftazidima-avibactam para tratamiento dirigido, frente al 74% de los centros privados. Para el tratamiento empírico la diferencia era aún mayor: 27% en hospitales públicos versus 50% en privados.
La revisión también destaca experiencias locales consideradas prometedoras, como los Bancos Provinciales de Medicamentos Antimicrobianos de Alto Costo implementados en Buenos Aires y Tucumán, que combinan compra centralizada, protocolos clínicos y auditorías para garantizar un uso adecuado de estos antibióticos.
Además, menciona como un avance la aprobación en Argentina del primer genérico regional de ceftazidima-avibactam, un antibiótico de reserva destinado al tratamiento de infecciones por bacterias altamente resistentes.
Cinco acciones para cerrar la brecha
Para revertir este escenario, los investigadores proponen una estrategia coordinada basada en cinco ejes:
Una deuda pendiente
Los autores concluyen que uno de los principales problemas es la escasez de información sistemática sobre el acceso real a estos medicamentos en la región, lo que dificulta diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
"El uso apropiado de antibióticos no implica únicamente administrarlos de forma responsable para evitar nuevas resistencias, sino también garantizar que los pacientes puedan acceder a tratamientos eficaces cuando realmente los necesitan", sostienen.
De lo contrario, advierte la revisión, la brecha entre el aumento de las infecciones resistentes y la disponibilidad de tratamientos efectivos continuará ampliándose, con un impacto directo en la mortalidad prevenible por infecciones que hoy podrían tratarse.