El pasado 24 de agosto, la Sala Pablo Neruda del Complejo La Plaza fue escenario de un debate urgente sobre el presente y el futuro de la salud argentina. Durante la tercera edición del Coloquio Líderes en Salud, organizado por Women in Global Health (WGH) Argentina, más de 250 referentes participaron de manera presencial y virtual de un encuentro que reunió a autoridades sanitarias, legisladores, economistas, académicos, organismos internacionales, representantes de la industria, empresas de tecnología y organizaciones de la sociedad civil.
La conclusión inicial resonó con fuerza y atravesó buena parte de las discusiones: el diagnóstico sobre la salud en la Argentina ya está hecho. El verdadero reto hoy es pasar de la teoría a las decisiones concretas.
«Argentina conoce muchos de los problemas de su sistema de salud. El desafío ahora es convertir ese diagnóstico en decisiones. Financiamiento, datos y confianza van a definir el sistema que tendremos en la próxima década», sostuvo Emilia Caro, presidenta de WGH Argentina.
Redes sociales y turnos a las corridas
Uno de los ejes centrales de la jornada fue la pérdida de confianza en el sistema y el impacto que tiene la transformación de los modos en que las personas buscan información sobre su salud.
Hoy un video de TikTok o el algoritmo de una red social pueden competir por la atención con un paper científico o con la recomendación de un profesional. El problema no es solamente la cantidad de información disponible, sino la dificultad para distinguir evidencia de contenido sin respaldo.
El impacto es concreto. La caída de las coberturas de vacunación, que en algunos casos se alejaron considerablemente del 95% recomendado para alcanzar niveles adecuados de protección, fue señalada como una de las expresiones de esta crisis de confianza.
A esto se suma el uso creciente de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT para buscar síntomas, interpretar estudios o intentar autodiagnosticarse. Durante el debate apareció una paradoja que atraviesa a la medicina actual: la IA resulta atractiva porque está disponible, responde rápido y puede ofrecer una explicación inmediata, pero carece de aquello que forma parte esencial del vínculo sanitario, como la experiencia corporal, el juicio moral y la capacidad de acompañar a una persona en una situación de dolor o incertidumbre.
Sin embargo, los propios profesionales plantearon otra contradicción. ¿Cómo sostener una atención empática cuando el sistema muchas veces no ofrece las condiciones para hacerlo?
Consultorios saturados, profesionales precarizados y turnos de 15 minutos por paciente dejan poco margen para escuchar, explicar y acompañar. La tecnología puede responder en segundos, pero el sistema sanitario muchas veces no consigue garantizar el tiempo necesario para una conversación clínica.
Y allí aparece uno de los datos más interesantes del debate: la pérdida de confianza no necesariamente está dirigida contra quienes atienden. El respeto por médicos y enfermeros continúa siendo un activo importante. El enojo de los ciudadanos suele dirigirse más bien contra «el sistema» y su carrera de obstáculos: conseguir un turno a tiempo, atravesar la burocracia, acceder a medicamentos o encontrar los insumos necesarios.
La experiencia del INCUCAI fue mencionada como un ejemplo de cómo la transparencia puede contribuir a recuperar confianza. Cuando los criterios son claros y las reglas son conocidas, incluso decisiones difíciles pueden ser comprendidas y legitimadas socialmente.
El mito de la falta de plata
En el bloque dedicado a financiamiento, los datos pusieron en discusión otro de los supuestos habituales sobre el sistema argentino. Argentina destina alrededor del 10,6% de su PBI a salud, una proporción elevada dentro de América Latina. Entonces, ¿por qué el sistema se siente tan desbordado?
Una parte de la respuesta aparece en la ineficiencia del gasto y en la enorme fragmentación del sistema. En el país conviven más de 300 obras sociales nacionales, mientras que las primeras 20 concentran el 53% de los afiliados. A esto se suma la coexistencia de distintos subsistemas, financiadores y jurisdicciones que no siempre logran articular sus recursos.
El problema también llega directamente al bolsillo de las familias. En los últimos 15 años, el gasto de bolsillo -lo que cada hogar debe pagar para atenderse, comprar medicamentos o acceder a determinadas prestaciones- pasó del 20% al 26%.
En un contexto económico adverso, ese incremento puede significar postergar consultas, reducir la compra de medicamentos, endeudarse o abandonar la cobertura privada. El resultado es una mayor presión sobre los servicios públicos, que reciben una demanda creciente sin que necesariamente aumenten en la misma proporción sus recursos.
La pregunta, entonces, no parece ser solamente cuánto dinero destina la Argentina a salud, sino cómo se utilizan esos recursos, cómo se distribuyen y cuánto se pierde por la fragmentación y la falta de coordinación.
El bloque «Financiamiento: Salud y Economía» estuvo moderado por Daniel Maceira, de la Universidad de San Andrés, y contó con la participación de Gustavo Arengo Piragine, del Ministerio de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires, y Gabriel Novick, del IAE.
Cuando la tecnología también necesita reglas
La discusión sobre salud digital abrió otro frente. La incorporación de tecnología puede mejorar procesos, ampliar el acceso y generar nuevas herramientas para la atención, pero también plantea interrogantes sobre regulación, evidencia, seguridad y ética.
Durante el panel «Salud Digital vs. Sistema Sanitario», se discutió la necesidad de establecer reglas para las nuevas herramientas y aplicaciones vinculadas con la salud, especialmente aquellas que pueden ofrecer información o recomendaciones sin contar con suficiente respaldo científico.
Participaron Ariela Fefer, de Softtek; Fabio Budris, de SAIA; Vanina Camporeale, del Banco Mundial; y María Isabel Iñigo Petralanda, especializada en bioética, con Kato Mastai, de la Universidad de San Andrés, como moderador.
El debate también puso en primer plano la gobernanza de los datos. Para un sistema sanitario fragmentado, contar con información confiable, interoperable y disponible no es un problema exclusivamente tecnológico. Es una condición para poder planificar, asignar recursos, evaluar políticas y tomar decisiones.
Sin una adecuada gobernanza de los datos, la tecnología puede multiplicarse sin necesariamente mejorar la capacidad de conducción del sistema.
La confianza como problema sanitario
El tercer bloque estuvo dedicado específicamente a la «Crisis de Confianza en el Sistema». Participaron Graciela Ocaña, legisladora de la Ciudad de Buenos Aires; Daniela Hansen Krogh, del INCUCAI; e Ignacio Maglio, del Hospital Muñiz y UNESCO.
La discusión permitió poner en perspectiva una de las preguntas más difíciles que enfrenta hoy el sector: por qué una sociedad que necesita más que nunca información sanitaria confiable encuentra cada vez más dificultades para identificarla y creer en ella.
La circulación de fake news, los contenidos de salud producidos sin evidencia y el funcionamiento de los algoritmos forman parte de un escenario que obliga a revisar también las estrategias de comunicación institucional.
La información sanitaria fue planteada como un bien social que requiere protección, pero también como una responsabilidad que involucra a todo el sector. No alcanza con producir evidencia si esa evidencia no llega a la población de manera comprensible, accesible y oportuna.
Hacia 2030, unir fuerzas
El cierre del Coloquio trasladó la discusión al terreno político. El panel «Desafíos Políticos y Estructurales 2030» estuvo integrado por Claudia Palladino, diputada nacional por Catamarca, y Silvia Lospennato, diputada de la Ciudad de Buenos Aires, con la moderación de Jorge Giacobbe, de Giacobbe & Asociados.
De cara a los próximos años, las legisladoras remarcaron la necesidad de que la política sanitaria tenga mayor capacidad para procesar y utilizar la información disponible, además de avanzar en herramientas que permitan abordar la circulación de contenidos de salud sin sustento científico.
También se planteó la necesidad de terminar con la duplicación de recursos y avanzar hacia una mayor articulación entre los sectores público y privado. En ese sentido, se mencionaron experiencias como las de Catamarca, donde se comparten equipos de alta complejidad para mejorar el aprovechamiento de los recursos disponibles.
El desafío, en definitiva, no parece pasar solamente por sumar recursos, sino por utilizarlos mejor y lograr que actores que históricamente funcionan de manera fragmentada puedan coordinar sus capacidades.
Del diagnóstico a las decisiones
Durante la apertura, Emilia Caro presentó además los primeros resultados de la Consulta Nacional «Lo que las Mujeres Necesitan», una iniciativa propia de WGH Argentina que ya cuenta con más de 3.500 respuestas y busca aportar evidencia sobre las prioridades y necesidades de salud de las mujeres en todo el país.
El relevamiento es parte de una idea que atravesó toda la jornada: para tomar mejores decisiones hace falta producir evidencia propia y utilizarla para definir prioridades.
«No queremos discutir solamente cómo administrar el sistema que tenemos. Queremos discutir qué sistema necesita la Argentina para los próximos diez años, quiénes participan de esas decisiones y con qué evidencia se toman», afirmó Caro.
El cierre dejó, así, una idea que va más allá de los tres paneles. Financiamiento, datos y confianza no son problemas independientes. La manera en que se financia el sistema condiciona su capacidad de respuesta; la calidad de los datos determina qué tan bien puede conducirse; y la confianza define, en buena medida, si las políticas sanitarias logran ser aceptadas y sostenidas por la sociedad.
Para que la salud ocupe un lugar central en la agenda política, los propios actores del sector deberán también revisar cómo se relacionan con la sociedad. Menos lenguaje técnico, más transparencia y una conversación capaz de incorporar las experiencias concretas de quienes utilizan el sistema.
En otras palabras, construir una «licencia social» para las políticas sanitarias puede ser tan importante como diseñarlas.
La tercera edición del Coloquio Líderes en Salud dejó planteada esa agenda para la próxima década. El desafío ahora es que el diagnóstico no vuelva a ser el punto de llegada, sino el punto de partida para tomar decisiones.