viernes 28 de agosto de 2026 - Edición Nº2823

SALUD PÚBLICA | 27 ago 2026

Argentina empieza a definir las reglas para el uso de la inteligencia artificial en salud

Más de 40 especialistas de la medicina, el derecho, la bioética, la tecnología, la academia y las organizaciones de pacientes elaboraron un documento de consenso que propone los primeros lineamientos para gobernar la inteligencia artificial aplicada al sistema sanitario argentino. El principal acuerdo: el país necesita una estrategia nacional que permita incorporar estas tecnologías sin resignar seguridad, equidad ni control humano.


La inteligencia artificial ya no es una promesa futura para el sistema de salud. Está presente en el diagnóstico por imágenes, la investigación clínica, el desarrollo de medicamentos, la gestión hospitalaria y el análisis de grandes volúmenes de datos. El desafío, ahora, es otro: cómo incorporar estas herramientas sin que la velocidad de la innovación termine superando la capacidad del sistema para gobernarlas.

Con esa preocupación como punto de partida, nació el Think Tank de Inteligencia Artificial Aplicada en Salud, una iniciativa impulsada por Judit Díaz Bazán, presidenta del Comité de Transformación Digital de la Asociación Médica Argentina (AMA), y Fabio Budris, miembro del Board de la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial (SAIA).

El espacio reunió a más de 40 especialistas de distintas disciplinas y sectores para discutir una pregunta que excede ampliamente lo tecnológico: qué reglas, capacidades e instituciones necesita la Argentina para que la inteligencia artificial pueda incorporarse al sistema sanitario de manera segura, responsable y adaptada a sus propias necesidades.

El resultado es el primer documento de consenso sobre gobernanza de la inteligencia artificial en salud elaborado a partir de una construcción interdisciplinaria en el país, que busca funcionar como una hoja de ruta inicial para futuras políticas públicas, marcos regulatorios y estándares de implementación.

Una discusión que ya no puede esperar

La adopción de inteligencia artificial avanza mientras los marcos para evaluar sus impactos, validar sus resultados y supervisar su utilización todavía están en construcción.

Frente a ese escenario, el Think Tank plantea que el problema central no es solamente qué tecnología desarrollar, sino cómo gobernar su incorporación a un sistema sanitario fragmentado y atravesado por desigualdades, diferencias jurisdiccionales y capacidades digitales heterogéneas.

«Este consolidado marca un hito porque establece un marco conceptual claro en un momento donde la adopción de tecnología avanza sobre marcos difusos», sostuvo Judit Díaz Bazán.

Para la especialista, además, la discusión no puede resolverse mediante la simple importación de modelos desarrollados en otros países. «La inteligencia artificial no puede ser un enlatado importado que replique desigualdades; debe adaptarse a nuestras prioridades sanitarias», afirmó.

Y agregó: «Debe proteger el desempeño ético, legal y normativo de las prestaciones de servicios de salud, contemplar la voz de los pacientes y garantizar que la decisión médica siga siendo, indispensablemente, humana».

Del desarrollo tecnológico a la gobernanza

El documento fue construido a partir de una Mesa de Consulta realizada el 20 de abril, bajo la metodología de Think Tank. El trabajo se organizó en grupos interdisciplinarios y tomó como punto de partida cuatro preguntas orientadoras destinadas a identificar acuerdos, diferencias de enfoque y los principales temas que requieren regulación y desarrollo.

La diversidad de miradas fue uno de los componentes centrales del proceso. Participaron profesionales de la salud, investigadores, especialistas en inteligencia artificial, bioeticistas, abogados, representantes de universidades, organizaciones de pacientes y referentes de innovación tecnológica.

El objetivo fue evitar que la conversación quedara restringida al ámbito de quienes desarrollan las herramientas y llevarla hacia una discusión más amplia sobre derechos, responsabilidades, datos, formación profesional, equidad y organización del sistema de salud.

Entre los principales consensos alcanzados aparece la necesidad de desarrollar una estrategia nacional de inteligencia artificial en salud, con una perspectiva progresiva, contextualizada y sostenible que pueda trascender los cambios de gestión.

El planteo parte de una premisa: Argentina no necesita solamente más tecnología. Necesita instituciones y reglas capaces de acompañar esa transformación.

Datos, interoperabilidad y capacidades propias

La gobernanza de los datos ocupa un lugar central en la propuesta. El documento plantea fortalecer la infraestructura digital, avanzar en interoperabilidad y promover bases de datos representativas de la población argentina.

También señala la importancia de desarrollar capacidades para la validación local de los modelos de inteligencia artificial, evitando depender exclusivamente de herramientas entrenadas y evaluadas con información proveniente de otros contextos epidemiológicos, sociales y sanitarios.

En este punto aparece el concepto de soberanía digital, entendido no como aislamiento tecnológico, sino como la capacidad del país para comprender, evaluar, adaptar y gobernar las tecnologías que utiliza en su sistema sanitario.

La agenda incluye además la formación de los equipos de salud, la participación de pacientes y la articulación entre organismos públicos, universidades, sociedades científicas, desarrolladores tecnológicos y otros actores del ecosistema sanitario.

Regular sin frenar la innovación

Otro de los acuerdos alcanzados es que regulación e innovación no son necesariamente objetivos contrapuestos.

Por el contrario, el Think Tank plantea que contar con reglas claras puede generar mejores condiciones para desarrollar e implementar inteligencia artificial de manera responsable. La propuesta apunta a construir esquemas regulatorios basados en el riesgo, con mecanismos de evaluación y supervisión que permitan diferenciar los distintos niveles de impacto que pueden tener estas tecnologías.

Entre las herramientas a profundizar aparecen los entornos regulatorios de prueba o sandboxes, las experiencias piloto en contextos controlados y la definición de estándares comunes para el sistema de salud.

La intención es evitar dos extremos: la ausencia de reglas, que puede exponer a pacientes y profesionales a riesgos innecesarios, y una sobrerregulación que termine bloqueando desarrollos potencialmente valiosos.

La decisión médica sigue siendo humana

El documento también establece un límite conceptual frente a una de las discusiones más sensibles que plantea la inteligencia artificial: su relación con la práctica profesional.

El enfoque propuesto no presenta estas herramientas como sustitutos del médico ni de otros integrantes de los equipos de salud. La inteligencia artificial debe funcionar como apoyo para la toma de decisiones, dentro de un esquema que preserve la autonomía profesional, la relación con los pacientes y los principios éticos de la atención.

La supervisión humana aparece así como uno de los principios centrales del consenso, especialmente cuando las herramientas intervienen en procesos que pueden afectar decisiones clínicas.

Pero la discusión también alcanza a los pacientes. Su participación, el derecho a la información, la protección de los datos personales y la transparencia sobre el uso de estas tecnologías forman parte de una misma agenda.

Una hoja de ruta, no un punto de llegada

El documento no pretende cerrar el debate. Por el contrario, sistematiza los consensos alcanzados, registra posiciones divergentes y deja planteados aquellos temas que requieren nuevas instancias de discusión.

Entre ellos se encuentran la validación clínica de los modelos, la interoperabilidad de la historia clínica electrónica, la protección de datos, la evaluación de tecnologías emergentes, los entornos regulatorios de prueba y la construcción de capacidades nacionales.

La importancia del proceso, en ese sentido, está tanto en las recomendaciones como en haber reunido alrededor de una misma mesa a sectores que habitualmente analizan estos problemas desde perspectivas separadas.

La inteligencia artificial obliga a discutir qué sistema de salud quiere construir la Argentina y bajo qué condiciones. La pregunta ya no es si estas tecnologías van a llegar al sistema sanitario: ya están ahí. La discusión es quién define las reglas de su incorporación, con qué información se entrenan, cómo se validan, quién supervisa sus resultados y qué derechos deben quedar protegidos.

El Think Tank busca abrir esa conversación antes de que las decisiones tecnológicas terminen definiendo, por sí solas, el futuro del sistema sanitario.

Quiénes participaron de la construcción del consenso

El documento fue elaborado bajo la coordinación de un comité interdisciplinario integrado por referentes de la salud, la tecnología, la bioética, el derecho y la innovación: Adriana Baravalle, directora del Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral; Florencia Braga Menéndez, de la Asociación Argentina de Pacientes (ALAPA); Fabio Budris, miembro del Board de la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial (SAIA); Juan Corvalán, del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad de Buenos Aires (UBA); Judit Díaz Bazán, presidenta del Comité de Transformación Digital de la Asociación Médica Argentina (AMA); Jenny González, secretaria del Comité de Transformación Digital de la AMA; María Isabel Iñigo Petralanda, del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina (UCA); Karina Papini, subdirectora de IA Lab de la Facultad de Derecho de la UBA; Martín Romero, líder de Innovación y Transformación Digital del Instituto Universitario Fundación Barceló; Cristian Santabros, del Instituto de Bioética de la UCA; Cristian Santander, director del Laboratorio de IA de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN); y Hernán Seoane, director del Departamento de Postgrado del Instituto Universitario Fundación Barceló.

Con este primer consenso, el Think Tank pone sobre la mesa una definición que trasciende la tecnología: gobernar la inteligencia artificial en salud será también una decisión sanitaria, institucional y política. El desafío será transformar estos primeros acuerdos en políticas sostenidas, capacidades concretas y reglas que permitan que la innovación se traduzca en mejores resultados para las personas, sin profundizar las desigualdades que el sistema ya enfrenta.

 

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias