jueves 24 de septiembre de 2026 - Edición Nº2850

SALUD PÚBLICA | 24 sep 2026

Informe de UNFPA

Menos nacimientos, pero no necesariamente menos deseo de tener hijos

16:29 |La fecundidad argentina cayó a 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Pero una nueva encuesta nacional muestra que la baja natalidad no puede explicarse solamente por una decisión de tener menos hijos: el 57% de las personas de 18 a 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía si no existieran limitaciones. Condiciones económicas, dificultades para conciliar trabajo y crianza, el acceso a la vivienda, la distribución desigual de los cuidados y las restricciones a la autonomía reproductiva explican buena parte de esa brecha.


Argentina atraviesa una transformación demográfica que se aceleró en las últimas décadas. La tasa global de fecundidad llegó a 1,2 hijos por mujer en 2024, según la estimación incluida en el informe Deseos reproductivos en la encrucijada. Motivaciones y barreras para decidir en contextos de baja natalidad, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina junto con Voices!. El valor se encuentra muy por debajo de los 2,1 hijos por mujer considerados como nivel de reemplazo generacional.

La caída es transversal al territorio y se produce junto con otros cambios: disminuyó fuertemente la fecundidad adolescente y aumentó la proporción de nacimientos entre mujeres de 30 a 39 años. Es decir, además de tener menos hijos, las personas tienden a postergar la maternidad y la paternidad.

Pero postergar no siempre significa elegir libremente cuándo tener hijos. Y esa diferencia es uno de los principales aportes de la primera encuesta nacional de intenciones reproductivas, realizada entre enero y febrero de 2026 a través de cuestionarios online autoadministrados a 1.515 personas de entre 18 y 70 años de todas las regiones del país.

El dato que obliga a complejizar la lectura sobre la baja natalidad lo ilustra: el 57% de las personas de 18 a 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos e hijas que desearía tener si no existieran limitaciones de ningún tipo. El ideal reproductivo continúa concentrándose, además, en el modelo de dos hijos, elegido por el 34% de las personas encuestadas.

«La caída de la natalidad no puede analizarse únicamente a partir de cuántos niños y niñas nacen. También debemos preguntarnos si las personas pueden decidir libremente si quieren tener hijos, cuántos y en qué momento. Los resultados muestran una distancia entre los proyectos reproductivos y las condiciones reales para concretarlos», señaló Mariana Isasi, jefa de Oficina de UNFPA en Argentina.

Entre el deseo y las condiciones

La encuesta muestra que las decisiones reproductivas están atravesadas por factores que exceden las preferencias individuales. Las condiciones económicas -limitaciones financieras, inseguridad laboral y dificultades para acceder a una vivienda- representan el 62% de los motivos por los que las personas tienen menos hijos de los que hubieran deseado.

El problema adquiere otra dimensión cuando se incorpora el trabajo de cuidados. Entre las mujeres pesan especialmente las dificultades para compatibilizar la crianza con el empleo remunerado, la falta de tiempo y energía y la distribución desigual de las tareas domésticas.

El 18% de las mujeres que tuvo menos hijos de los que hubiera deseado señala que el bajo involucramiento de su pareja en las tareas del hogar y el cuidado influyó en esa decisión. Entre los varones, esa proporción es del 7%.

Los datos sobre la organización cotidiana de las familias ayudan a explicar esa diferencia. Las mujeres se reconocen como principales responsables en más del 60% de tareas críticas vinculadas con el aseo y el cuidado frente a enfermedades, mientras que los varones tienen una participación más visible en actividades recreativas: el 21% se identifica como principal responsable de jugar con sus hijos.

La desigualdad también aparece en el cuidado de las personas mayores: el 51% de las mujeres se considera principal responsable, frente al 36% de los varones.

La encuesta introduce una pregunta relevante para el debate demográfico: ¿cuánto de la caída de la fecundidad responde a una transformación de los deseos y cuánto a las dificultades para hacerlos compatibles con las condiciones de vida? Los resultados sugieren que ambas dimensiones conviven.

Menos mandatos pero no menos proyectos

El estudio también permite observar un cambio generacional en torno a la maternidad. Entre las mujeres de 18 a 24 años, dos de cada diez manifiestan que no desean tener hijos. A su vez, apenas el 34% considera que tener hijos es importante para alcanzar una vida plena.

El dato adquiere relevancia cuando se lo compara con otros componentes de esa idea de plenitud: el 97% menciona la salud, el 96% la seguridad económica, el 95% la vivienda propia y el 92% el desarrollo profesional.

La maternidad deja así de ocupar el lugar de mandato que tuvo en otras generaciones. También se diversifican los proyectos de pareja y familia y son cada vez más aceptadas alternativas como la convivencia sin matrimonio, las parejas que no conviven, la soltería y la monoparentalidad por elección.

Sin embargo, que el mandato pierda fuerza no implica que desaparezca el deseo de tener hijos. El estudio encuentra una población heterogénea, en la que conviven personas que no quieren tener hijos con otras que quieren tenerlos y no logran concretar ese proyecto.

Los varones también quieren ser padres

La dimensión masculina de las decisiones reproductivas aparece como otro aspecto relevante. El 54% de los varones de 18 a 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos que desearía tener, con una marcada diferencia generacional. Entre los varones de 18 a 24 años, el 56% considera importante o indispensable tener hijos para alcanzar una vida plena, frente al 34% de las mujeres de esa misma edad. Mientras las mujeres jóvenes parecen mostrar posiciones más definidas frente a la maternidad, entre los varones predomina una mayor indefinición sobre la paternidad.

«Comprender cómo los varones imaginan la paternidad, qué expectativas tienen y qué lugar ocupan los cuidados en sus decisiones es fundamental para analizar el escenario demográfico del país. La autonomía reproductiva y la corresponsabilidad en el hogar necesitan involucrar tanto a las mujeres como a los varones para que los proyectos familiares de las parejas puedan concretarse con equidad», sostuvo Isasi.

También aparecen diferencias en las motivaciones. Para el 73% de los varones, tener un hijo fortalece el vínculo de pareja, una percepción que alcanza al 51% de las mujeres. Ellos también otorgan mayor importancia a aspectos como preservar el apellido o el patrimonio, confirmar la fertilidad y el reconocimiento social asociado con la paternidad.

Pero ese deseo no necesariamente se traduce en una participación equivalente en los cuidados. El contraste entre el papel que los varones dicen ocupar en actividades recreativas y su menor presencia en las tareas cotidianas vuelve a poner en discusión qué significa, en la práctica, la corresponsabilidad familiar.

Autonomía reproductiva

La encuesta también incorpora una dimensión sanitaria. El 92% de las personas conoce métodos anticonceptivos, pero ese conocimiento no garantiza por sí mismo la posibilidad de decidir.

El 22% afirma que alguna vez no pudo utilizar el método anticonceptivo que había elegido mientras que casi cuatro de cada diez mujeres manifiestan haber tenido dificultades para decir «no» a su pareja ante relaciones sexuales no deseadas. Esa situación alcanza a casi la mitad de las mujeres mayores de 45 años.

También existen desigualdades vinculadas con el nivel educativo. Entre las personas de hasta 45 años, el exceso reproductivo -haber tenido más hijos de los deseados- alcanza al 11% en promedio, pero llega al 18% entre quienes no completaron el nivel secundario. En el grupo de 46 a 70 años, la proporción llega al 32% entre las personas con menor nivel educativo, frente al 19% del total de esa franja.

El estudio señala, además, que los embarazos no intencionales son considerablemente más frecuentes entre las mujeres con menor nivel educativo. Los datos muestran así que la autonomía reproductiva también está condicionada por las oportunidades sociales, educativas y económicas disponibles.

A esto se suma el factor biológico asociado a la postergación: el 19% de las mujeres y el 18% de los varones encuestados afirma haber experimentado infertilidad, definida en el estudio como la imposibilidad de concebir después de 12 meses de búsqueda. El 70% de las personas consultadas acepta las técnicas de reproducción asistida como alternativa para tener hijos y el 61% avala el congelamiento de óvulos.

Un debate más amplio

La caída de la fecundidad plantea desafíos para la estructura demográfica argentina, en particular frente al envejecimiento poblacional. Pero convertir el número de nacimientos en el único indicador del problema puede dejar fuera una parte sustantiva de la discusión: qué posibilidades tienen las personas de construir el proyecto familiar que desean.

El informe de UNFPA y Voices! muestra que la transición demográfica argentina combina cambios culturales genuinos con obstáculos materiales y desigualdades persistentes. Hay personas que eligen no tener hijos, otras que postergan la maternidad o la paternidad y otras que desean tenerlos pero encuentran dificultades para hacerlo.

La vivienda, el empleo, los ingresos, la organización de los cuidados, la autonomía sexual y reproductiva y el acceso a servicios de salud forman parte, en ese sentido, de una misma discusión que obliga a observar las condiciones en las que esas decisiones se toman.

El propio estudio plantea que el desafío no consiste en promover un determinado modelo familiar ni en inducir a las personas a tener más o menos hijos, sino en reducir las barreras que restringen la posibilidad de decidir de manera informada, autónoma y libre de desigualdades.

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