La medicina de precisión dejó de ser una promesa para convertirse en una herramienta de la práctica oncológica. El análisis de las características moleculares de cada tumor permite identificar alteraciones que intervienen en su desarrollo y, cuando existe un tratamiento disponible para actuar sobre ellas y orientar la elección terapéutica.
Sin embargo, que una tecnología exista no significa necesariamente que esté al alcance de todos los pacientes. El acceso a los estudios, la disponibilidad de profesionales capacitados, los tiempos del diagnóstico y la posibilidad de acceder posteriormente a los tratamientos forman parte de una misma cadena. Esa tensión entre innovación y acceso fue uno de los ejes del encuentro virtual «La revolución de la medicina de precisión en oncología», organizado por AstraZeneca, del que participó Comunicar Salud.
La jornada reunió distintas miradas sobre el impacto que este enfoque puede tener en el diagnóstico y tratamiento del cáncer. Participaron Diego Kaen, oncólogo clínico, director del Departamento de Investigación Clínica CORI de la Universidad Nacional de La Rioja y expresidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica; Laura Jufe, médica especialista en Anatomía Patológica del Hospital Ramos Mejía de la Ciudad de Buenos Aires; y María Alejandra Iglesias, presidenta y directora de la Asociación Civil Sostén y fundadora y coordinadora de la Red Unidos por el Cáncer.
«Voy a hablar de oncología de precisión como una herramienta clínica que ya se utiliza. No voy a hablar del futuro: voy a hablar del presente», planteó Kaen al comenzar su exposición.
Del órgano al perfil molecular
El punto de partida es un cambio en la manera de comprender el cáncer. Durante años, la clasificación de un tumor estuvo fuertemente asociada al órgano en el que se originaba. Hoy, el conocimiento de su biología permite observar diferencias que no necesariamente son visibles a través de esa clasificación anatómica.
«Los tumores tampoco son iguales. Dos cánceres de pulmón pueden tener características diferentes: algunos pueden ser más agresivos, otros menos. Eso es lo que hoy podemos estudiar mediante la biología molecular», explicó Kaen.
La medicina de precisión se apoya en el estudio de distintas características del tumor. El ADN puede revelar determinadas alteraciones genéticas; el ARN aporta información sobre la actividad de los genes y el análisis de proteínas permite identificar otras características relevantes. En oncología, estos datos pueden contribuir a definir qué tratamiento resulta adecuado para determinados pacientes.
Pero identificar una alteración no alcanza. Kaen puso el foco en un concepto central: la accionabilidad.
«La medicina de precisión no solamente habla de ese driver, de ese conductor, sino de aquella molécula, droga o tratamiento que me inhibe esa alteración», señaló.
El denominado driver o alteración conductora es aquella modificación molecular que impulsa el desarrollo del tumor. El desafío consiste en identificarla y, al mismo tiempo, contar con una molécula o tratamiento capaz de bloquear ese mecanismo.
«La clave está en descubrir cuáles son las alteraciones conductoras y cuáles son las alteraciones que no son conductoras», explicó.
Un cambio en el tratamiento
El concepto resulta particularmente visible en cáncer de pulmón, donde bajo un mismo diagnóstico conviven tumores con perfiles moleculares diferentes. Esa diversidad puede modificar tanto el tratamiento indicado como la evolución de la enfermedad.
«Antes tratábamos a los pacientes con cáncer de pulmón independientemente de todo: como tenías un cáncer de pulmón, te dabas la misma droga a Juan, a Pedro, a Carlos. Pero hoy no: vemos cuál es tu tipo de tumor, qué clase de cáncer de pulmón tiene cada uno, cuáles son sus biomarcadores, sus drivers, y tratamos específicamente en base a eso», explicó Kaen.
El cambio no supone abandonar la clasificación tradicional del cáncer, sino complementarla con una caracterización cada vez más precisa de la enfermedad. Dos tumores originados en el mismo órgano pueden tener comportamientos diferentes porque sus alteraciones moleculares también lo son.
Para Kaen, el cáncer de pulmón permite observar con claridad esta transformación. «Hoy el cáncer de pulmón les diría que es aproximadamente 12, 13, 14 enfermedades diferentes porque tiene diferentes drivers y cada uno de esos drivers hace que el cáncer de pulmón sea una enfermedad diferente y se trate de forma diferente.»
La identificación de esas alteraciones también plantea una cuestión de tiempos. Para que la información pueda modificar la decisión terapéutica, debe estar disponible antes de iniciar el tratamiento, siempre que la situación clínica lo permita.
«Debemos testear en forma completa y el testeo debe ser antes de comenzar cualquier tipo de tratamiento», afirmó.
La oportunidad del estudio es relevante porque esperar a que el paciente haya recibido tratamientos previos puede significar perder información útil para decidir la estrategia inicial. En este punto, la medicina de precisión introduce una exigencia adicional para el sistema: no alcanza con que el estudio exista; debe poder realizarse e interpretarse dentro de los tiempos clínicos adecuados.
La medicina de precisión empieza antes del tratamiento
La incorporación de herramientas moleculares también modifica el trabajo de los profesionales que intervienen en el diagnóstico. En este sentido, la anatomía patológica ocupa un lugar central: la calidad y disponibilidad del tejido obtenido mediante una biopsia pueden determinar qué estudios podrán realizarse posteriormente.
Durante el encuentro, Laura Jufe puso el foco en ese circuito diagnóstico y en la necesidad de preservar adecuadamente las muestras para que puedan ser utilizadas en estudios moleculares. La medicina de precisión requiere, así, una articulación entre quienes obtienen la muestra, los laboratorios y los especialistas que interpretan los resultados.
El desafío no termina en el diagnóstico inicial. Los tumores pueden modificar sus características durante su evolución y, frente a una recaída o una metástasis, el perfil molecular puede ser diferente del que presentaba la enfermedad en su origen. Por eso, en determinados casos puede ser necesario volver a estudiar el tumor.
La incorporación de nuevas herramientas, como la patología digital y la inteligencia artificial, abre además posibilidades para el análisis y la consulta entre especialistas, aunque su utilización se plantea como una herramienta de apoyo al trabajo profesional y no como sustituto del diagnóstico médico.
Cuando la innovación no llega a todos
El desarrollo científico abre nuevas posibilidades, pero también pone en primer plano una pregunta sanitaria: ¿quiénes pueden acceder efectivamente a ellas?
La posibilidad de realizar estudios moleculares depende de la disponibilidad de centros y profesionales especializados, pero también de la cobertura, los tiempos de autorización, la ubicación geográfica y el acceso posterior al tratamiento indicado. De esta manera, una herramienta disponible en términos tecnológicos puede no estar igualmente disponible para todos los pacientes.
Esta dimensión fue abordada desde la perspectiva de las organizaciones de pacientes por María Alejandra Iglesias, quien puso el foco en las barreras que pueden aparecer a lo largo del recorrido asistencial. Entre ellas, la distancia hasta los centros especializados, las dificultades administrativas y el desconocimiento de los derechos y posibilidades de cobertura.
Su planteo también incorporó una dimensión que excede el acceso al estudio o al medicamento: el acompañamiento durante el proceso de atención. La información comprensible, la orientación sobre derechos y prestaciones y el apoyo frente a las consecuencias emocionales, familiares y económicas de la enfermedad forman parte de las necesidades que atraviesan a los pacientes con cáncer.
Así, la medicina de precisión amplía las posibilidades de conocer cada tumor con mayor detalle, pero también obliga a mirar el recorrido completo: desde la toma de una muestra adecuada hasta la realización del estudio, la interpretación de sus resultados, la indicación del tratamiento y la posibilidad concreta de acceder a él.
«El cáncer está cambiando, está cambiando su evolución», sintetizó Kaen.
El desafío, entonces, no pasa solamente por cuánto puede avanzar la ciencia en la identificación de las características de cada tumor. También por la capacidad del sistema de salud para transformar ese conocimiento en decisiones oportunas y en tratamientos efectivamente accesibles para los pacientes que los necesitan.