La Ley 27.678 reconoce desde 2022 el derecho de las personas con enfermedades amenazantes o limitantes para la vida a recibir una atención integral, interdisciplinaria y centrada en sus necesidades y las de sus familias. Reglamentada en 2023, constituye un marco para la atención paliativa, pero no garantiza por sí misma la disponibilidad de equipos, medicamentos esenciales ni atención cercana.
Pero en el país los recursos y equipos especializados no se distribuyen de manera homogénea y a las diferencias territoriales se suman dificultades económicas, de transporte, de derivación y de continuidad entre el hospital, el primer nivel de atención y el domicilio.
«Valoramos los avances alcanzados, pero también identificamos las distancias que todavía separan el reconocimiento de un derecho de su cumplimiento efectivo», plantea Gustavo De Simone, director de Pallium Latinoamérica.
Para Vilma Tripodoro, integrante de la Comisión Directiva de Pallium Latinoamérica, «en Argentina, lamentablemente todos los días vemos la misma brecha: la ley existe, pero el sistema no la sigue», y señala que los equipos sostienen el cuidado con recursos limitados, mientras persisten dificultades para acceder a opioides y una concentración de servicios en las grandes ciudades.
La discusión también alcanza a la planificación sanitaria. El proyecto de Presupuesto Nacional 2027 incluye referencias a los cuidados paliativos dentro del programa vinculado con el cáncer y en la atención especializada del Hospital Nacional Baldomero Sommer. Según el análisis difundido por Pallium, no aparecen referencias explícitas a la Ley 27.678 ni al Programa Nacional de Cuidados Paliativos, ni metas específicas para la provisión de analgésicos opioides.
Estas ausencias no permiten por sí mismas concluir que no existan otras respuestas o fuentes de financiamiento. Sí plantean, en cambio, dificultades para identificar objetivos, medir resultados y orientar recursos hacia las necesidades que permanecen sin respuesta.
«Lo que hace falta no es otra ley: ya la tenemos. Hace falta una autoridad con presupuesto propio, que integre los cuidados paliativos a la atención primaria y que llegue a quien tiene dolor y vive lejos de un centro urbano, tenga o no cáncer», sostiene Tripodoro.
Conocer la dimensión de esas brechas requiere información. Durante 2026, la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos impulsa un nuevo relevamiento nacional de equipos para conocer su cantidad, distribución, conformación y modalidades de atención. Contar con esos datos permitiría dimensionar las capacidades existentes y orientar la planificación.
El territorio condiciona el cuidado
La desigualdad no se explica solamente por la existencia de un servicio. La distancia geográfica, las condiciones económicas, el transporte, las redes familiares y la posibilidad de sostener la atención en el hogar también inciden.
«Las desigualdades sociales tienen consecuencias clínicas», advierte Débora Lema, licenciada y profesora en Trabajo Social e integrante de Pallium Latinoamérica. Entre las situaciones que identifica menciona dificultades para obtener medicación, interrupciones de tratamientos, obstáculos para acceder a prestaciones, demoras en autorizaciones, falta de cobertura, problemas de traslado y escasez de dispositivos domiciliarios y recursos especializados.
Desde la práctica hospitalaria, Carlos Arriagada Bustos, coordinador del Equipo Asistencial de Cuidados Paliativos de la organización, resume la dimensión territorial del problema: «En mi práctica desde el hospital público, el alivio del sufrimiento aún depende en gran medida de dónde se viva».
Según el especialista, menos del 15% de las personas que necesitan atención paliativa accede a ella y los equipos especializados se concentran principalmente en los grandes centros urbanos. «A diario recibimos pacientes con dolor no tratado simplemente porque sus centros de salud barriales carecen de opioides básicos o seguimiento domiciliario», afirma.
La existencia de un servicio, por lo tanto, no garantiza por sí sola el acceso. También se necesita una red que permita identificar necesidades, derivar, acompañar y sostener la atención fuera de los centros de mayor complejidad. La atención domiciliaria, la articulación con el primer nivel y la telemedicina pueden contribuir a reducir distancias, siempre que formen parte de una organización con responsabilidades definidas.
La enfermería aporta una mirada particularmente cercana a esas dificultades. Por su contacto cotidiano con pacientes y familias, sus profesionales pueden detectar necesidades, anticipar cambios y advertir cuándo la fragmentación entre servicios afecta la continuidad del cuidado.
Sergio Dos Santos, licenciado en Enfermería e integrante del Equipo Domicilio, señala que las personas mayores que viven en residencias enfrentan obstáculos específicos. En esos ámbitos, plantea, es necesario reconocer tempranamente las necesidades paliativas, controlar síntomas y acompañar decisiones antes de los últimos días de vida.
«La capacitación de los equipos es fundamental, pero no alcanza con trasladar modelos formativos diseñados para otros ámbitos de atención», sostiene Dos Santos. Para el especialista, las propuestas deben contemplar las características institucionales, la organización del trabajo y los recursos disponibles.
La respuesta requiere combinar asistencia, formación, investigación y trabajo territorial: «Transformar el cuidado implica integrar asistencia, educación, investigación y compromiso con la comunidad», resume De Simone.
El desafío, agrega, no pasa únicamente por ampliar los servicios especializados, sino también por fortalecer la atención primaria, las redes territoriales y la capacidad de los distintos integrantes del sistema para reconocer tempranamente las necesidades paliativas y articular respuestas.
Un debate que llega a Mar del Plata
Estas cuestiones estarán en el centro del XII Encuentro Nacional de Cuidados Paliativos, organizado por la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos (AAMYCP), que se realizará en Mar del Plata del 2 al 4 de octubre, bajo el lema «Reconocer la realidad para transformar el cuidado: de la práctica cotidiana a la mejora del sistema».
El encuentro pondrá en discusión cómo se está cuidando, quiénes acceden a los cuidados paliativos y qué ocurre cuando las respuestas varían según el territorio. En ese marco, el desafío pasa por convertir el derecho reconocido en una atención efectivamente disponible para las personas que la necesitan.