viernes 02 de octubre de 2026 - Edición Nº2858

PREVENCIÓN & PROMOCIÓN | 2 oct 2026

Solo 6 de cada 10 adolescentes reciben a tiempo la dosis contra el meningococo

13:21 |Las coberturas contra el meningococo muestran una caída a medida que avanza el esquema en la primera infancia y son todavía más bajas en la adolescencia. Los datos oficiales de 2025 exponen un problema de salud pública y abre interrogante sobre cómo sostener la vacunación en el tiempo y evitar que las dosis pendientes se acumulen.


La vacunación contra el meningococo alcanza en Argentina a una proporción importante de los niños, pero pierde cobertura a medida que avanza el esquema. Según los últimos datos oficiales publicados por el Ministerio de Salud de la Nación, correspondientes al Calendario Nacional 2025 y actualizados al 2 de septiembre de 2026, el 89,9% de los lactantes recibió la primera dosis de la vacuna antimeningocócica conjugada tetravalente (ACWY) a los 3 meses. Sin embargo, la cobertura desciende 4,9 puntos para la segunda dosis a los 5 meses, ubicándose en un 85,0%, y vuelve a caer otros 8,1 puntos hasta llegar al 76,9% en el refuerzo de los 15 meses. En total, entre los 3 y los 15 meses de vida, la cobertura disminuye 13 puntos porcentuales.

La brecha es todavía más marcada en la adolescencia. La dosis indicada por calendario a los 11 años alcanzó una cobertura inicial de apenas el 57,2%. No obstante, cuando se incorporan las aplicaciones realizadas fuera de la edad prevista (entre los 11 y 18 años), se observa un recupero posterior de 18,2 puntos, lo que eleva la denominada cobertura ampliada al 75,4%. La diferencia entre ambos indicadores muestra que una parte de los adolescentes termina accediendo a la inmunización contra los serogrupos ACWY, pero lo hace más tarde de lo establecido en el Calendario Nacional.

El dato revela la dificultad que persiste en los programas de inmunización para sostener la continuidad de los esquemas y recuperar a quienes quedaron con dosis pendientes, cuando el objetivo establecido para las vacunas del calendario es alcanzar coberturas iguales o superiores al 95%.

«Completar los esquemas con los refuerzos es clave para obtener una protección adecuada», señala Enrique Casanueva, infectólogo pediatra y jefe emérito del Servicio de Infectología Infantil del Hospital Universitario Austral, y señala la relevancia de apuntar a la adolescencia, cuando el contacto con el sistema sanitario suele espaciarse.

Una enfermedad de causas diversas

La meningitis es una inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal y puede tener distintos orígenes. Existen formas bacterianas, virales, fúngicas y parasitarias. Las meningitis bacterianas son las de mayor gravedad y entre sus agentes causales se encuentran el meningococo, el neumococo y Haemophilus influenzae tipo b, entre otros.

La vacunación constituye una de las principales herramientas para prevenir las formas bacterianas de la enfermedad. El Calendario Nacional contempla vacunas contra Haemophilus influenzae tipo b, neumococo y determinados serogrupos de meningococo (A, C, Y y W). Sin embargo, la prevención no se agota en una única vacuna ni en una única etapa de la vida.

Los datos de vigilancia epidemiológica también ponen el foco sobre el meningococo B. Entre 2023 y 2025, este serogrupos representó el 86,5% de los casos de enfermedad meningocócica invasiva caracterizados en niños y adolescentes de hasta 15 años, de acuerdo con información presentada en 2026 por el Servicio de Bacteriología Clínica del Laboratorio Nacional de Referencia de Meningococo del INEI-ANLIS «Dr. Carlos G. Malbrán».

Actualmente, la vacuna contra meningococo B no forma parte del Calendario Nacional y su indicación se contempla para personas con determinados factores de riesgo. «Es fundamental que los padres consulten con los pediatras qué vacunas debe recibir cada niño, dentro y fuera del calendario», planteó Casanueva.

La adolescencia, un punto crítico

La caída de las coberturas a los 11 años plantea un desafío porque a diferencia de las primeras etapas de la infancia, cuando las visitas al sistema de salud suelen estar más vinculadas con controles periódicos, en la adolescencia puede resultar más difícil sostener el seguimiento preventivo y recuperar las dosis que quedaron pendientes.

Además, la vacunación en esta etapa tiene una dimensión que excede la protección individual. En el caso del meningococo, la inmunización contribuye a reducir la presencia de la bacteria en la nariz y la garganta y, de ese modo, puede disminuir su circulación.

«Es un momento de especial vulnerabilidad porque los jóvenes suelen tener mayor circulación social y contacto cercano con otras personas», explicó Fernando Burgos, médico pediatra y miembro del departamento científico de Fundación Vacunar, quien destacó la importancia de sostener tanto la vacunación durante la primera infancia como la correspondiente a los 11 años.

La cobertura ampliada de los adolescentes muestra que existen oportunidades de recuperación, pero también que una proporción relevante llega tarde a una protección que estaba prevista para una edad determinada. En este sentido, los programas de inmunización deberían plantear nuevas estrategias para transformar esas oportunidades de recuperación en esquemas completos y oportunos.

La prevención no alcanza

La importancia de mantener la vacunación también se explica por la evolución que puede tener la enfermedad porque la infección meningocócica puede avanzar rápidamente y constituir una urgencia médica. Algunos de los síntomas pueden ser fiebre, rigidez de cuello, dolor de cabeza, fotofobia, náuseas y vómitos, mientras que en menores de un año pueden presentarse manifestaciones menos específicas, como irritabilidad, dificultad para despertarse, falta de apetito o abultamiento de la fontanela.

Ante síntomas compatibles, la consulta inmediata resulta fundamental. «La meningitis es una urgencia médica», señaló Florencia Nocita, pediatra y gerente médica de vacunas de GSK. La rapidez del cuadro explica que, aun con tratamiento, puedan producirse complicaciones graves e incluso fallecimientos en las primeras horas de evolución y entre quienes sobreviven pueden quedar secuelas permanentes, entre ellas pérdida auditiva, complicaciones neurológicas, renales o cutáneas y, en los casos más graves, y también pueden existir consecuencias psicosociales y psiquiátricas.

El Día Mundial de la Meningitis, que se conmemora el 5 de octubre, es una oportunidad para revisar un problema de salud pública: qué proporción de la población está protegida, quiénes quedaron con esquemas incompletos y qué obstáculos dificultan llegar en tiempo y forma a las vacunas indicadas. Revisar el calendario, recuperar las dosis pendientes y sostener los controles preventivos son parte de una misma estrategia.

 

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias