La innovación ocupa un lugar cada vez más importante en las discusiones sobre el futuro de los sistemas sanitarios. Nuevos medicamentos, tecnologías diagnósticas, herramientas digitales y desarrollos científicos amplían las posibilidades de prevención y tratamiento. Pero entre el descubrimiento y el paciente existe una realidad atravesada por regulación, investigación, producción, financiamiento y decisiones sobre cobertura.
Esa distancia entre lo que la ciencia puede ofrecer y lo que los sistemas de salud efectivamente pueden incorporar fue el tema que atravesó el Health Forum de AmCham Argentina, realizado bajo la consigna «Salud y desarrollo: una mirada federal». Más de 600 personas participaron de una jornada que reunió a funcionarios nacionales y provinciales, representantes de empresas, investigadores y especialistas para discutir el vínculo entre salud, desarrollo e innovación.
El planteo parte de una premisa con una doble dimensión. Por un lado, la salud puede constituirse en un sector capaz de atraer inversiones, generar empleo calificado y fortalecer la investigación y el desarrollo tecnológico. Por otro, esas mismas capacidades deberían contribuir a mejorar la atención y ampliar el acceso. El encuentro impulsó demandas sobre cómo articular ambas dimensiones en un sistema sanitario fragmentado, con recursos y capacidades diferentes entre las jurisdicciones.
Innovar, pero ¿para quién?
Los debates se organizaron en tres bloques: el valor de la salud para el desarrollo, los desafíos compartidos de una salud federal y el camino de la innovación al acceso, temas transversales que ponen el foco en que el desarrollo de conocimiento y tecnologías constituye solo una parte del problema. La siguiente pregunta es cómo incorporarlos al sistema y quiénes pueden acceder a ellos.
Durante el encuentro se discutió el papel de la investigación clínica como motor de desarrollo, la protección de la propiedad intelectual y las condiciones necesarias para generar valor en el país. También se abordaron las prioridades sanitarias de las provincias, las brechas de acceso, las redes de atención y el cuidado cotidiano.
La coexistencia de estos temas muestra una de las principales tensiones de la agenda sanitaria actual. Mientras el sector científico y tecnológico avanza hacia tratamientos y herramientas cada vez más sofisticados, los sistemas de salud continúan enfrentando problemas estructurales vinculados con la atención primaria, la organización de las redes y las desigualdades territoriales.
Hubo consenso en que no se trata necesariamente de elegir entre innovación y atención primaria sino en la necesidad de determinar cómo se distribuyen los recursos y cómo se articulan las distintas capacidades para que el avance tecnológico no quede desconectado de las necesidades sanitarias más urgentes.
En la apertura, Alejandro Díaz, CEO de AmCham Argentina, planteó que «la Argentina puede constituirse en un hub global de innovación en salud». Para el ejecutivo, el país cuenta con talento, instituciones y trayectoria, pero necesita «un entorno regulatorio y de propiedad intelectual previsible y alineado con estándares internacionales» para transformar ese potencial en desarrollo.
La previsibilidad regulatoria apareció como una de las condiciones para atraer inversiones y consolidar capacidades. Pero el desarrollo de un ecosistema de innovación también abre otras discusiones: qué tecnologías necesita el sistema, cómo se evalúa su incorporación, quién financia su acceso y cómo se sostiene su utilización cuando los recursos son limitados.
Una agenda federal con capacidades desiguales
La dimensión federal fue otro de los ejes centrales. Participaron del encuentro el presidente de COSSPRA y director de OSEP, Carlos Funes; los ministros de Salud de Catamarca, Johana Carrizo; de Neuquén, Martín Regueiro; y de Córdoba, Ricardo Pieckenstainer, junto con el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, y representantes de la Ciudad de Buenos Aires.
La participación de distintas jurisdicciones puso en evidencia que una política sanitaria federal enfrenta, como principal barrera, que las provincias no parten de las mismas condiciones.
Las diferencias en infraestructura, disponibilidad de profesionales, capacidad de gestión, redes de atención y recursos financieros condicionan la posibilidad de incorporar nuevas herramientas y sostener prestaciones.
El fortalecimiento de la atención primaria apareció en este punto como una pieza central. Las redes territoriales pueden funcionar como puerta de entrada al sistema y contribuir a ordenar la demanda, prevenir enfermedades y detectar tempranamente problemas de salud. Pero también requieren recursos, equipos y capacidad de articulación con los niveles de mayor complejidad.
La discusión federal involucra cómo se conectan las capacidades existentes, qué prestaciones pueden resolverse localmente y cuáles requieren redes de referencia y contrarreferencia que exceden los límites provinciales.
Del laboratorio al sistema de salud
Otro de los ejes abordados fue el de la investigación clínica y su capacidad para generar conocimiento, inversión y empleo. La participación de representantes de compañías farmacéuticas y de tecnología médica, junto con investigadores y autoridades regulatorias, reflejó el interés de distintos actores por consolidar un ecosistema de innovación en el país.
Participaron ejecutivos de compañías como MSD, Novartis, Organon, Johnson & Johnson Innovative Medicine, Amgen, Sanofi, Boehringer Ingelheim, Boston Scientific, Bayer y Bristol Myers Squibb, entre otras, además de investigadores y referentes del sistema científico.
La discusión sobre propiedad intelectual y condiciones regulatorias se vinculó con esa posibilidad de atraer inversiones y desarrollar conocimiento local teniendo en cuenta que la investigación clínica puede generar actividad económica y, al mismo tiempo, permitir que el país participe de procesos de innovación que luego impacten en la práctica médica.
Pero también apareció una discusión que debe partir desde políticas sanitarias teniendo en cuenta que el desarrollo de conocimiento no garantiza por sí mismo su disponibilidad para toda la población. Entre una innovación aprobada y su incorporación efectiva intervienen evaluaciones, precios, mecanismos de financiamiento, criterios de cobertura y capacidad de los prestadores para incorporarla.
Cerrar las brechas de acceso
La discusión sobre acceso atravesó todos los ejes del encuentro. Una innovación puede ser técnicamente posible, pero su incorporación al sistema depende de decisiones sobre prioridades, evidencia, financiamiento y sostenibilidad.
El problema adquiere otra dimensión cuando se lo observa desde las provincias. Una tecnología disponible en un centro de alta complejidad de una gran ciudad puede no tener la misma posibilidad de implementación en una jurisdicción con menor infraestructura o dificultades para sostener determinados recursos humanos.
Por eso, el desafío federal implica fortalecer las condiciones que permiten utilizarla de manera adecuada y oportuna, sin desatender las necesidades de atención primaria y las políticas de prevención y cuidado.
En su cierre, Díaz sintetizó esa perspectiva al señalar que «construir un sistema sanitario más accesible, innovador y con una mirada federal requiere diálogo, coordinación y consensos». El objetivo, agregó, es avanzar en soluciones que amplíen el acceso, mejoren la calidad de atención y generen mayor bienestar.
El debate planteado en el Health Forum dejó abierta una hoja de ruta donde la salud puede ser un sector estratégico para el desarrollo científico y económico, pero con un potencial que convive con un sistema que necesita resolver problemas de acceso, financiamiento, organización y desigualdad territorial. Para que la innovación adquiera sentido sanitario tiene que encontrar mecanismos de implementación para que la investigación y la inversión llegue a la atención de las personas, allí donde viven y necesitan ser atendidas.