La innovación sanitaria promete diagnósticos más precisos, tratamientos personalizados y procesos de atención más eficientes. Pero entre la disponibilidad de una tecnología y su incorporación efectiva a las coberturas existe una discusión que no está saldada: cuánto cuesta, qué beneficios aporta, quién financia su uso y cómo se sostiene en el tiempo. Esa tensión atravesó el primer Congreso Iberoamericano de Salud de la Fundación Iberoamericana Consenso Salud (FICS), realizado el 14 y 15 de octubre en Buenos Aires, donde la sostenibilidad financiera y la transformación de los sistemas sanitarios ocuparon un lugar central.
Con más de 2.500 asistentes, representantes de 14 países y más de 80 disertantes de Europa y América Latina, el encuentro reunió a autoridades sanitarias, prestadores, financiadores, especialistas y organismos internacionales. Bajo el lema «Una agenda iberoamericana hacia una salud sostenible», la agenda incluyó debates sobre innovación, financiamiento, inteligencia artificial, transformación digital, prevención, envejecimiento poblacional y formación de recursos humanos. La amplitud de las miradas permitió poner en común problemas que exceden las fronteras nacionales, aunque en Argentina adquieren características particulares por la fragmentación institucional, la distribución de responsabilidades entre jurisdicciones y las dificultades para coordinar las decisiones de cobertura.
En la apertura, el presidente de FICS, Cristian Mazza, planteó la necesidad de discutir cómo financiar el cuidado y decidir qué transformar, con foco en las personas y sin dejar atrás a quienes más lo necesitan. También vinculó la sostenibilidad con la disponibilidad de financiamiento previsible, reglas claras y evaluación de tecnologías. «Evaluar las tecnologías y medir resultados debe formar parte de nuestra agenda cotidiana», sostuvo, al destacar además el papel de la prevención y la investigación.
El secretario de Gestión Sanitaria de la Nación, Saúl Flores, señaló que la complejidad del sistema argentino, los cambios demográficos y la incorporación de tecnología exigen revisar las responsabilidades de las instituciones y profundizar el trabajo orientado al cuidado de la salud, antes que a la enfermedad. La innovación, afirmó, puede contribuir a ese objetivo siempre que se aplique adecuadamente.
Por su parte, el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, planteó que la cartera nacional tiene un rol rector y sostuvo la necesidad de modificar el sistema, ampliar la participación del sector privado y eliminar intermediaciones. Sobre la innovación, señaló la importancia de identificar qué funciona, corregir lo que no da resultados y medir el impacto de las intervenciones sobre la salud de la población. La articulación entre los sectores público, privado, de la seguridad social y los organismos internacionales fue otro de los puntos que destacó.
El representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en Argentina, Enrique Pérez Flores, sumó otra dimensión al debate: los sistemas sanitarios enfrentan una transición demográfica, nuevas amenazas para la salud, dificultades para retener al personal y un rápido avance tecnológico. Frente a esos desafíos, afirmó que la innovación «ya no es una opción, es una necesidad», pero remarcó que debe orientarse por la equidad, la evidencia y el beneficio público.
Estos planteos abrieron una discusión sobre cómo traducir esos principios en decisiones, en un sistema en el que las responsabilidades de financiamiento y cobertura están distribuidas entre múltiples actores, con presupuestos, capacidades y obligaciones diferentes teniendo en cuenta que la coordinación no depende únicamente de la voluntad de diálogo, sino que requiere información compartida, criterios de evaluación y mecanismos para ponderar las consecuencias sanitarias y económicas de cada decisión.
La sostenibilidad, más allá de las cuentas
En el panel «Sostenibilidad e innovación: cómo financiar el sistema que viene», representantes de instituciones sanitarias y financiadores analizaron las dificultades para garantizar la continuidad de las prestaciones frente al crecimiento de la demanda. La conversación incluyó los desafíos de los distintos modelos sanitarios para responder a las necesidades de atención y sostener sus recursos en un contexto de transformación tecnológica.
La discusión tuvo un correlato en la mesa «Obras Sociales Provinciales: innovar bajo presión», donde Carlos Funes, presidente de COSSPRA y director general de OSEP Mendoza; Pablo Venturuzzi, titular de APROSS Córdoba; Leopoldo Marchetti, director de OSEP Catamarca; e Ivana Porro, presidenta de IPROSS Río Negro, describieron las presiones que enfrentan sus organizaciones.
Las obras sociales provinciales reúnen a unos 7,2 millones de afiliados y constituyen actores centrales del financiamiento sanitario en sus respectivas jurisdicciones. Sin embargo, sus ingresos dependen en gran medida de los aportes y contribuciones vinculados con los salarios, mientras que el gasto está condicionado por la evolución de los precios, el envejecimiento poblacional, la mayor prevalencia de enfermedades crónicas y la incorporación de nuevas tecnologías.
«Dependiendo de las provincias, la media salarial que tengan va a tener más o menos oxígeno», advirtió Funes. El presidente de COSSPRA también señaló que el debilitamiento de otros financiadores puede trasladar gastos hacia las obras sociales provinciales y agravar las dificultades para sostener las prestaciones.
El problema no se agota en el costo de los tratamientos. También involucra los criterios con los que se definen las coberturas, la capacidad de los financiadores para fundamentar sus decisiones y las herramientas disponibles para resolver controversias. Funes consideró que las obras sociales deben fortalecer el diálogo con la Justicia y aportar fundamentos científicos y financieros, sin dejar de revisar las ineficiencias de sus propias estructuras.
«Una innovación tiene tres cosas: equidad, evidencia, beneficio público. Y yo me voy a atrever a agregar una cuarta: ¿cómo la vamos a comprar y cómo la vamos a sostener en el tiempo?», planteó.
La pregunta conecta dos dimensiones que suelen discutirse por separado: el valor clínico de una innovación y su viabilidad dentro de un sistema que debe garantizar continuidad asistencial. Una tecnología puede ofrecer beneficios relevantes y, al mismo tiempo, exigir decisiones complejas sobre su priorización, su precio, la población destinataria y el impacto que tendrá sobre otras prestaciones.
De la innovación a las decisiones de cobertura
La evaluación de tecnologías sanitarias también tuvo un espacio en el congreso. Esteban Lifschitz, director científico de HIRIS Care, abordó los desafíos y controversias que atraviesan los procesos de evaluación y adopción de nuevas tecnologías, una cuestión central para los financiadores que necesitan disponer de evidencia sobre la eficacia y los resultados de una intervención para luego discutir en qué condiciones incorporarla, a quiénes ofrecerla y cómo comparar sus beneficios con los recursos que demanda.
El debate sobre financiamiento incluyó, además, alternativas para mejorar la disponibilidad de medicamentos e insumos estratégicos. En la conferencia «Comprar juntos: el poder de los Fondos Rotatorios», Santiago Cornejo, gerente ejecutivo de Fondos Rotatorios de la OPS/OMS, expuso sobre el papel de los mecanismos de compra conjunta para favorecer el acceso a vacunas, medicamentos e insumos. La experiencia abre otra línea de análisis sobre la capacidad de coordinación y negociación de los sistemas sanitarios frente a productos de alto costo.
La inteligencia artificial y la transformación digital ampliaron el alcance de la discusión. Sebastián García Saisó, director del Departamento de Evidencia e Inteligencia para la Acción en Salud de la OPS, presentó la conferencia «IA en salud: de la promesa a la implementación», centrada en el desafío de convertir el potencial de estas herramientas en aplicaciones concretas para la toma de decisiones y la gestión. También se presentaron experiencias de digitalización e integración de información sanitaria de Argentina y Uruguay, junto con iniciativas orientadas a escalar soluciones tecnológicas desarrolladas por emprendimientos del sector.
La incorporación de tecnología, sin embargo, no se limita a su disponibilidad. Su utilidad depende de las necesidades que busca resolver, de las condiciones de implementación y de la posibilidad de integrarla a los procesos de atención. En sistemas con recursos limitados, la evaluación de resultados y la definición de prioridades adquieren especial relevancia para evitar que la innovación quede restringida a experiencias aisladas o profundice las diferencias de acceso.
Prevenir y preparar el sistema para lo que viene
La prevención de las enfermedades no transmisibles fue otro de los ejes del encuentro. El panel «La epidemia silenciosa: prevenir antes de llegar tarde» reunió a representantes del ámbito sanitario, académico y deportivo para analizar la importancia de fortalecer las estrategias preventivas, promover hábitos saludables y desarrollar políticas que permitan intervenir antes de que las enfermedades generen complicaciones de mayor impacto.
La agenda también incorporó los efectos de la transición demográfica y el envejecimiento poblacional sobre la organización de los servicios. En el panel «Demografía, la transición que viene», representantes de PAMI, el CONICET, Naciones Unidas y el Ministerio de Salud nacional analizaron las implicancias de estos cambios para la planificación de los recursos y las políticas de cuidado de las personas mayores.
A la vez, la formación y la retención de profesionales ocuparon un lugar en el panel «¿Quién nos va a cuidar? Formar, atraer y retener el talento en salud» abordó los desafíos de la educación médica, la capacitación continua y el desarrollo de equipos preparados para responder a nuevas demandas asistenciales, dimensiones que condicionan la capacidad de los sistemas para traducir los avances científicos y tecnológicos en mejores respuestas de atención.
También se analizaron experiencias de gestión pública y de conducción sanitaria provincial, así como la relación entre los seguros y el financiamiento de la salud. Los distintos espacios coincidieron en una preocupación: cómo organizar respuestas sostenibles ante demandas crecientes, cambios demográficos y nuevas posibilidades de intervención, sin perder de vista las necesidades concretas de la población.
El primer Congreso Iberoamericano de Salud de FICS puso en relación debates que con frecuencia avanzan por carriles separados. La innovación, la prevención, la evaluación de tecnologías, la disponibilidad de recursos humanos y el financiamiento forman parte de un mismo problema: decidir qué incorporar, con qué evidencia, bajo qué condiciones y con qué recursos sostenerlo.
Como concusión, y ante la necesidad de acelerar la transformación de los sistemas sanitarios, quedó planteado el interrogante sobre cómo garantizar que esa transformación produzca beneficios verificables y se traduzca en acceso efectivo a la atención.